- Ginecología
 - Ginecología
 - Ginecología
 - Ginecología
 
HOME eMujeres.net Nuestros ServiciosConsulte al ExpertoEstas Curvas que VesEntre tu y YoContáctenos
eMujeres - consulte al experto: ginecologia, pediatria, obstetricia, medicina interna

Umbral Solitario

Cristina Goddard
 

Está en su cuarto vistiéndose, con los minutos contados para su entierro. Ha sido todo tan súbito, tan repentino, que no acaba de darse cuenta.  Le extraña encontrar la casa vacía, aunque en cierto modo le complace.  Mientras elige la corbata que mejor combina con el traje, piensa qué tanto le disgustan los sepelios.  Pero al ver que todos acuden a éste, no le queda más remedio que asistir.  Experimenta una cierta liviandad, como si le hubieran quitado un peso de encima.  Se hace tarde, escucha la bocina del auto que está a punto de arrancar.  Baja.

Su cuñado conduce, su mujer en el asiento delantero.  La puerta de atrás está abierta.  Entra, se desliza hasta el extremo de la ventanilla, luego sube su hermana que cierra la portezuela con sumo cuidado.  Como nadie habla, él prefiere callar.  Tiene la sensación de no estar ahí.  ¡Qué raro es ir al panteón, presenciar un entierro!  Ya casi nunca sucede en esta ciudad.  La cremación es la norma.  Más higiénico, menos traumático, mejor para todos.  Piensa entonces que el difunto seguramente tendría una cripta familiar, un lote a perpetuidad. O quizá su familia sea muy devota, tradicional, conservadora.

Sumido en estas reflexiones no se da cuenta de cuándo empiezan a hablar los pasajeros.  Aunque su mujer no llora, la ve muy afectada por la pérdida.  ¿De quién?  ¿Por qué?  Su esposa no habla, pero el cuñado insiste en que fue mejor así, que no hubo sufrimiento, que dejó todo en orden y no habrá problemas de sucesión, que morir en la cima es mejor que una vejez decadente.  Su hermana apoya la mano en el hombro de la cuñada, le habla de la fortaleza del creyente, del consuelo en la fe, de la aceptación de los designios de Dios.  Nadie nombra al difunto, no hay una sola pista en la conversación para conocer su identidad.  Su hermana se atraviesa para cerrar la ventanilla opuesta, lo atraviesa y él no siente nada.  Hace un comentario al respecto, nadie responde.  Es como si no estuviera con ellos.

Llegan al cementerio, bajan del auto, caminan detrás del féretro que llevan los empleados de la funeraria.  El cura reza lo conducente en estos casos y pide por el eterno descanso de Francisco. No conoce a nadie con ese nombre, excepto él mismo.  Pasa sin obstáculos a través de los deudos, llega hasta la fosa en el momento que abren la tapa de la caja por última vez.  Está dentro y está fuera.  Se da cuenta de lo que ha pasado, aunque no recuerda cómo sucedió.  De sus labios escapan miles de palabras no dichas, pero ahora nadie las escucha.  Lo lloran, lo despiden, lo abandonan.

Siente miedo.  En vida siempre lo acompañó la dulce certeza de la muerte.  Muerto, no sabe qué esperar.  Él lleva la pérdida más grande.

Cristina Goddard quiere saber tus comentarios, preguntas, críticas. Escríbele a cdiazdelaserna@gmail.com Si te gustó este relato, te recomendamos su libro de cuentos cortos, que puedes adquirir en la Librería del Sótano, en SANBORNS (Código SKU 4233589) en “Libros Para Todos” (Tel 5559-5588, ext. Librería), así como en www.sanborns.com.mx, www.elsotano.com.mx, y en www.edamex.com “De Siquiatrices, Cuidanderos, Vecinas y Escribanos”
ISBN970-661-263-7 EDAMEX, 2005

 
 
 
HOME eMujeres.net Nuestros ServiciosConsulte al ExpertoEstas Curvas que VesEntre tu y YoContáctenos
© 2012 Derechos Reservados CIISSA
Desarrollo: MEBECOM.com