Provincias de vida, muerte y soledad
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Lorena Careaga Viliesid |
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La muerte es algo irrevocable, pero finalmente aceptable. No duele la muerte en sí, que es lo único seguro en este mundo de impermanencias, sino el cómo se muere. Porque no es lo mismo morir en paz y al final de la vida, que ser mujer y morir en la guerra: convertirse en una baja en Irak, ser masacrada en Ciudad Juárez, morir a golpes en el anonimato del campo de batalla doméstico, o fallecer en la guerra del VIH/SIDA. No es lo mismo.

La novela Las Provincias del Alma, de Lydia Cacho, acaba de ser reeditada por Plaza y Janés bajo el título de Muérdele el corazón. Hay en ella vivencias personales de pérdidas y duelos, y más admiro y reconozco a su autora por ello. Si para mi, una simple lectora, fue tan doloroso y emotivo leerla, me imagino lo que Lydia requirió para escribirla: no solo conocimiento de causa y una mente perfectamente enfocada, sino mucha, pero mucha valentía para revelar y denunciar, para hacer del silencio voz y visible lo invisible.
Porque el problema de las mujeres con respecto al VIH/SIDA ha sido relegado y escondido por la sociedad. No está adecuadamente atendido. No se encuentra entre las altas prioridades políticas. Las propias organizaciones de lucha contra el VIH/SIDA no siempre incorporan las necesidades específicas de las mujeres y, paradójicamente, muchas organizaciones de mujeres no incorporan el VIH/SIDA en sus agendas.
La autora plasma en la novela años de experiencia en el trato con las personas que viven con el virus. Ojos que lo han visto todo, desde la desgracia humana hasta quienes se aprovechan de ella. Hilvana las contradicciones y los sentimientos más crudos, que son los que se desprenden de este mal y de su estigma. Porque el VIH/SIDA con frecuencia nos pone en contacto con lo más bajo y ruin de la naturaleza humana y, al mismo tiempo, con el altruismo, la solidaridad y el amor por encima de todo. Lydia nos confronta con la soledad profunda del ser humano especialmente frente a la muerte. O quizá peor aún, frente al rechazo y el abandono. Frente a la pérdida de la identidad.
La historia de Soledad, la protagonista, es la de miles de mujeres víctimas no sólo de un virus, sino de una condición biológica y anatómica, epidemiológica, socioeconómica, de género y hasta programática, que las convierte en el grupo poblacional más vulnerable al VIH/SIDA. Al leerla, me sentí atrapada, como están atrapadas la mayoría de las mujeres. Sentí la humillación de todo el género femenino, sentí la vulnerabilidad de todas las mujeres a través de la vulnerabilidad de Soledad.
Las Provincias del Alma es una obra aleccionadora en más de un sentido, porque presenta la realidad total del SIDA, desde qué es y cómo se transmite el VIH, la cotidiana existencia de una persona enferma, el deterioro físico y la cercanía de la muerte que llega a ser vista como una liberación, hasta la violación de todos los derechos humanos de la enferma, empezando por la pérdida de la confidencialidad y siguiendo con los despidos del trabajo, la negación de los servicios de salud, el desamparo y el repudio. Finalmente, la novela revela cómo va cambiando la propia identidad de Soledad, de los millones de Soledades del mundo.
Quizá esto sea lo más terrible. Quién era y quién va dejando de ser, tanto para si misma como para los demás. Todo lo que va perdiendo junto con la vida: su privacidad, sus derechos más elementales, su dignidad, su cuerpo, cómo se va convirtiendo en un fantasma, en una cama de hospital, en un número de expediente, en una estadística. Cómo, al confrontar la muerte, la atrapan los altibajos de sus emociones: la ira, el odio, el miedo, el amor, la ternura. Desde la autocompasión más destructiva hasta la fortaleza más realista. De la desesperación y el resentimiento, al perdón y la aceptación.
La experiencia anímica de Soledad, presentada con amoroso respeto por Lydia Cacho, es la gran lección: permitirnos aceptar la muerte para así poder abrazar la vida. Vivir la existencia al máximo, vivir el presente con toda intensidad, como si supiéramos cabalmente que moriremos mañana. Éste es el mensaje más profundo de Las Provincias del Alma, un recorrido notable y emotivo por la vida, la muerte y la soledad de una mujer.
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