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Enero y febrero...desviejadero
(4ta y 5ta parte)

Cristina Goddard

Ardió Troya y en medio de llantos, reclamos, maldiciones y confrontaciones, los hermanos Cerecedo Morales tuvieron que aceptar lo que unos ignoraban y otros veladamente sospechaban:  su papá había tenido y mantenido una casa chica.  El cabrón lo había tenido muy calladito, mientras su esposa Sarita se había fregado todos esos años estirando el gasto, pasando apuros, cuidando al viejo que decía malpasarse trabajando doble turno, cuando en realidad se la bien pasaba con la otra. Francisco estaba enchiladísimo con eso de que el medio hermano se llamara igual que él.  Sorprendió a todos cuando le tiró la bronca a la abogada:

- ¡Ah, no licenciada!  ¡Los otros que se frieguen!  Lo justo es que se reparta lo de mi papá entre su esposa y sus hijos legítimos.  Aquéllos no cuentan igual que nosotros.

- Tst, tst, tst...  Pues fiíjese que así no son las cosas, Francisco.  Obran en mi poder las actas de nacimiento de sus medios hermanos y, ante la ley, ellos tienen el mismo derecho a heredar que ustedes.  Otro gallo nos cantara si su papá hubiera dejado testamento indicando con precisión a sus herederos y qué para cada quién.  Además, siento decirles que, teniendo yo conocimiento de los otros herederos, estoy obligada a incluirlos en la sucesión.

Agustín zanjó la discusión de tajo.  Una mirada a sus hermanos bastó para replegarlos y en un tono muy moderado abordó a la licenciada con sutileza.

- Disculpe a mi hermano, Lic.  Comprenda que estamos alterados y francamente sorprendidos con esta noticia que nos cae como balde de agua fría.  Usted sabe que nuestra situación es muy modesta, que estamos muy gastados, que mi mamá dependía totalmente de mi papá.  ¿Cómo le podemos hacer?

Ésa era la entrada que Lorenza había esperado.  Escuchó atentamente, bajó los ojos, esperó varios minutos en silencio.  Sentía las miradas de ellos sobre sí, atentos a la señal más imperceptible, aguardando con impaciencia.  La tensión crecía y ella disfrutaba el juego.

- Los herederos son los que son.  Ahí no hay vuelta de hoja...  Lo único que podemos hacer es omitir algunos haberes del inventario patrimonial, de tal suerte que todo lo que se reparta se divida equitativamente entre todos los herederos, pero de hecho, no repartiendo la totalidad de los bienes.  ¿Me explico?

- Siendo así, ¿qué nos aconseja dejar fuera de la herencia?

- No puede ser ni el terreno ni la casa, porque son fácilmente identificables a través del Registro Público de la Propiedad.  Tampoco aconsejaría omitir el automóvil, porque seguramente sus hermanos saben de su existencia y podrían reclamarlo.  Lo más discreto sería obviar la cuenta bancaria de los ciento cincuenta mil pesos.

- Y ese dinero ¿sería sólo para nosotros? Y ¿cómo lo sacamos del banco?

- ¿Lo sacamos? ¿Lo sacamos, quiénes?  ¿Cómo vamos a estar seguros de que quien retire el dinero luego lo va a repartir como Dios manda?

- ¿Me estás diciendo ladrón?  Si yo lo único que he hecho, pinche huevón, es tratar de ver por todos ustedes.  Uno que anda buscando la mejor forma de arreglar las cosas y ¿para qué?  Nomás pa’ que luego salga uno raspado, sin deberla ni temerla.

Lorenza se abstuvo de intervenir y fue dejando que los hermanos se enredaran con su propia cuerda.  Cuando la situación se volvía más y más tirante, se levantó de la mesa e interrumpió.

- Señores, señoras...  Yo he accedido a mediar en este conflicto para ayudarlos.  Déjenme hacer mi trabajo y encontraremos una solución práctica al problema.  ¿No se han percatado que la cuenta bancaria tiene dos titulares con firmas y/o, indistintamente, una de las cuales es la de su señora madre?  Retirar el dinero es muy sencillo, basta con la firma de su mamacita en un cheque.  No vale la pena mortificarla con explicaciones, ustedes mejor que nadie sabrán cómo hacerle para que firme ahora que está tan agobiada y confundida.  ¡Cómo retirar el dinero es lo delicado y hay que obrar con discreción!  No conviene retirar el total del saldo, ya que eso inquieta siempre al banco.  Tampoco es prudente que el cheque se expida a favor de alguno de ustedes, para no dar pie a suspicacias.  Mi recomendación es que se haga un documento por ciento cuarenta mil pesos a favor de una razón social:  Comercializadora del Pacífico, S.A. de C.V.

- ¿Y quiénes son esos?  ¿Por qué a ese nombre?

- Comercializadora del Pacífico soy yo, Micaela.  Una vez depositado el monto en la cuenta de la empresa, yo les hago entrega a cada uno de ustedes la parte que les corresponda.  Pueden incluir o no a su mamacita en el reparto, ésa es una decisión familiar. Debo aclararles, a fin de evitar cualquier confusión, que la suma a repartir será el remanente del monto del cheque, una vez descontados mis honorarios que son del 50%...

Las cartas estaban echadas sobre la mesa.  Fue hasta ese momento que los Cerecedo cayeron en cuenta de lo que estaba pasando.  Humillación, coraje, impotencia.  Pero también desconfianza y avaricia.  Acceder al juego de la abogada era aceptar que habían sido sorprendidos y arrinconados a lo pendejo, amén de que acceder implicaba confiar en que ella luego repartiría lo que sobrara del dinero...  Negarse y enemistarse con la Lic. Siller, implicaba resignarse a recibir menos, mucho menos cada uno...  La méndiga abogadita los tenía agarrados con los dedos en la puerta.  “Además de todo, tendremos que poner buena cara y llevar la fiesta en paz,” pensó Agustín.

- Pos no queda de otra, licenciada.  Así lo hacemos.  ¿Cuándo le damos el cheque?

- Si les parece, el lunes por la tarde.  El martes por la mañana yo lo deposito, el miércoles ya está en firme y el jueves podría yo tenerles su pago en efectivo a cada uno aquí mismo en el despacho.

- Está bien, Lic.  Le agradecemos su asesoría y, si no hay nada más, pues ya nos retiramos con su permiso.

- No tienen qué agradecer, Agustín.  Por aquí lo espero el lunes con el cheque y a partir de ese momento, procederemos con el curso de la diligencia del juicio de sucesión que agilizaré lo más posible.  Les sugiero no comentar el tema de la otra familia con Doña Sarita, porque no tiene caso.  Además, si ustedes me facultan para ello, pueden evitarse la incomodidad de comparecer junto con sus otros hermanos en las audiencias.  Les aseguro que será un proceso rápido y con absoluta discreción.  En un par de meses tendré el fallo definitivo y todo habrá concluido.  Que tengan muy buenas tardes.

Lorenza se despidió con un cálido apretón de manos a los hombres y un beso en la mejilla a las mujeres.  Cerró suavemente la puerta del despacho, regresó a su escritorio y confirmó en su agenda la cita del día siguiente, a las 4 de la tarde:  Francisco, Dolores y Minerva Cerecedo Aguirre.  La entrevista sería una variación sobre el mismo tema, idéntica estrategia, sutiles modificaciones.  Las averiguaciones previas del Güero y el primer contacto de la licenciada Siller con Francisco Cerecedo Aguirre anunciaban incluso una mejor tajada.  Todo indicaba que el difunto había sido más generoso con la casa chica.  “A gato viejo, ratón tierno,” pensaba la abogada mientras jugaba entre sus dedos el bolígrafo Cross.  “La viudita cuarentona fue más abusada y cobró bien sus favores a Don Panchito...  Si siempre lo he dicho:  nadie sabe para quien trabaja.”




Cristina Goddard
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