Mater
 |
Cristina Goddard |
|
La muchacha estaba desconsolada. A nadie parecía importarle su opinión, era como si ella no existiera. Además de las prohibiciones de rigor (no salir sola a la calle, nunca mirar a un hombre a los ojos, permanecer alejada de todo y todos en “esos días”, obedecer sin cuestionamientos a sus mayores), sus padres decidían su futuro sin consultarla. Recientemente le habían elegido marido, así nomás, de buenas a primeras. Un hombre mucho más grande que ella, a quien había visto solamente una tarde. Precisamente la tarde en que le dijeron que ya estaba prometida a él. Esa noche lloró lo que pensó eran las lágrimas de toda una vida, sin imaginar siquiera que las más amargas estaban aún por ser vertidas. Poco podía hacer al respecto, así que decidió resignarse y aceptar su suerte.
Luego ocurrió el incidente. Un visitante inesperado y totalmente desconocido, quien aprovechando que se encontraba esa mañana sola en casa, le hizo una proposición por demás incomprensible y prácticamente no negociable. No dijo nada a nadie, no fueran a pensar que estaba perdiendo el juicio. A los pocos días de eso, su mamá le preparó un equipaje y la mandó a casa de su tía. Cuando se atrevió a preguntar el porqué de esa decisión, su mamá la miró fijamente y le dijo: “Tu tía necesita toda la ayuda en estos momentos. Por eso te vas a hacerle compañía.” Y se fue para allá, sin chistar ni tantito.
Nomás llegar donde sus familiares y empezó a sentirse mal, desganada, sin apetito. Su tía la miró de arriba abajo y le dijo a boca de jarro: “Niña, tú estás embarazada…” De momento, aturdida, no supo qué la confundió más: si lo inesperado de la noticia, o el desconcierto de ver que su tía se alegraba genuinamente de su condición. La muchacha era lista y aunque había crecido muy resguardada, sabía algo sobre los misterios de la vida. Si a alguien le sorprendía su gravidez, era precisamente a ella.
¿Cómo enfrentar a sus padres, a su prometido, al pueblo entero? Pero, lo que más le preocupaba, era cómo asumir ella la maternidad. ¿Sería una buena madre, haría lo correcto, podría con la responsabilidad?
La vida le enseñaría muy pronto que nada es para siempre… Después de la tempestad vino la calma, se casó y tuvo al niño. Muy joven aún, enviudó y tuvo que criarlo sola. Un día el muchacho dijo que se iba, que la dejaba un tiempo porque tenía que encontrarse a sí mismo y descifrar su destino. A su madre no le sorprendió, siempre supo que ese día llegaría, pero igual la certeza no mitigó su desazón.
Es verdad que el hijo le dio grandes satisfacciones, que la sorprendió muchas veces, pero también le causó un dolor que le traspasó el alma. Ella, quién siendo apenas una niña llegó a pensar que había agotado el llanto, derramó una tarde las lágrimas más amargas de la historia.
Un embarazo no deseado, un matrimonio de conveniencia, convertirse en jefe de familia porque la vida le quitó muy pronto al marido, criar a un hijo de la mejor manera, buscando a toda costa su bienestar y no el propio… Amarlo, respetarlo, aceptarlo a pesar de todo…
¿No son así todas las madres? ¿Será por eso que en el catecismo aprendimos que todas las mujeres somos María?
Cristina Goddard
Cristina Goddard quiere saber tus comentarios, preguntas, críticas. Escríbele a cdiazdelaserna@gmail.com Si te gustó este relato, te recomendamos su libro de cuentos cortos, que puedes adquirir en la Librería del Sótano, en SANBORNS (Código SKU 4233589) en “Libros Para Todos” (Tel 5559-5588, ext. Librería), así como en www.sanborns.com.mx, www.elsotano.com.mx, y en www.edamex.com “De Siquiatrices, Cuidanderos, Vecinas y Escribanos”
ISBN970-661-263-7 EDAMEX, 2005 |
|