Selene en el cielo de diamantes
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Lorena Careaga Viliesid |
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“¡Oh, Fortuna! Cambiante como la Luna,
creciendo primero y declinando después...”
Así rezan unos versos medievales, y ciertamente la inconstancia, la volubilidad, las distintas fases y los vaivenes de Selene la Luna, se aprecian hasta en el flujo y reflujo de los mares. Inspiración de poetas, protectora de los enamorados, señora de la noche, su luz plateada, fantasmal y misteriosa nos envuelve en sombras y claroscuros haciéndonos dudar de lo que vemos, haciendo que las cosas parezcan lo que no son. Su misterio nos niega incluso la vista de su cara oculta.
Luna es nuestro satélite, orbitando la Tierra a tan solo 400 mil kilómetros de distancia. Es curioso como las fuerzas gravitacionales de la Tierra y el Sol en combinación han hecho cada vez más lenta su rotación, de tal manera que ésta dura lo mismo que su órbita alrededor de la Tierra, y por eso nos presenta a la vista únicamente uno de sus hemisferios.
Otra sorprendente coincidencia es que, desde nuestro planeta, el tamaño de la Luna y la distancia a la que está, hacen que parezca del mismo tamaño que el Sol, y ello permite la ocurrencia de eclipses espectaculares. Su ruta por el cielo cambia cada mes en un complejo ciclo que tarda 18.6 años en completarse y que es también el ciclo de los eclipses. Sin embargo, se necesita que transcurra un ciclo tres veces más largo, de 56 años, para que regrese al mismo punto donde comenzó su órbita.
La apariencia de Selene cambia tan rápidamente que es este aspecto de mutabilidad su simbolismo más reconocido en diversas culturas de todos los tiempos. La evidencia más obvia de estas transformaciones son sus fases, ocho en total, cambiando a lo largo de 29 días y medio. Aunque carece de luz propia, Selene refleja la luz del Sol y desde la Tierra la vemos ir creciendo hasta el cuarto creciente, después la fase gibosa hasta la Luna llena, para ir decreciendo diseminada hacia el cuarto menguante y su fase final balsámica que termina en la Luna nueva, punto de arranque de un nuevo ciclo.
Las fases de Selene nos permiten conocer los momentos propicios para plantar o cosechar ciertas plantas, hierbas medicinales y raíces, incluso cortar madera para casas y barcos. El ciclo lunar rige el movimiento de todas las aguas planetarias, incluso las mareas internas de nuestro cuerpo, compuesto en más de un 90% de este preciado líquido.
Gobierna el propio ciclo menstrual, palabra que viene del griego menses y que significa precisamente luna. De ahí su relación con la fertilidad. Por ello, la Luna parece haber tenido mayor preeminencia que el Sol en tiempos prehistóricos y se cree que, en la mayoría de las civilizaciones de la antigüedad, el calendario comenzó como una cuenta de los meses lunares en lugar de las estaciones solares.
Tanto sus ciclos como la constante impermanencia de la Luna han sido equiparados con lo femenino. Selene simboliza el principio de pasividad y receptividad, lo oscuro y la noche, la energía Yin. Es la representación de la madre, de aquello que nutre, cuida y protege, de lo que es para nosotros la seguridad. También es la regente de los sentimientos, del inconsciente y la intuición, de los sueños y los mitos, del instinto y de las emociones más primarias.
En Selene se encuentra asimismo la paradoja de la vida y la muerte. Sus principales fases fueron comparadas, en la Grecia clásica, con las edades de la mujer: la joven virgen Artemisa o Diana, es la Luna nueva; la mujer en el esplendor de la vida es Selene, brillando plena en el cielo; y la anciana y misteriosa diosa del inframundo, Hécate, es la Luna negra que sabe de magia y hechizos, acompaña a los muertos en sus tumbas, hace aullar a los perros y anuncia la renovación de la vida.
La próxima vez que miremos hacia el cielo en busca del resplandor lunar, recordemos que la Luna llena es buen momento para buscar mayor conciencia y equilibrio, así como el contacto con nuestro lado femenino, mientras que la Luna nueva ha de darnos el valor para ser quienes realmente somos y expresar al mundo, desde el corazón, nuestra verdad y nuestro poder personal.
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