El santo de seis toneladas
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Lic. Hortensia Flores G. |
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En el Municipio de Guasave se encuentra una población llamada Nío fundada en 1595, la cual fue una de las primeras misiones de los jesuitas enviados por los Reyes Católicos, por lo tanto fue considerado el punto de partida de estos misioneros.
A mediados del siglo XVIII los jesuitas iniciaron la construcción de una gran iglesia, pero debido a una crecida del río en 1758 tuvieron que abandonar la obra que ya estaba muy avanzada, sin embargo sus restos sobreviven hasta el día hoy y son los más impresionantes de toda la zona
Una de las leyendas de Jesús Angel Ochoa Zazueta , cuenta que precisamente buscando la manera de que los indígenas no siguieran idolatrando ídolos de piedra y se acercaran a la iglesia de Nío, los frailes jesuitas tuvieron la idea de atraerlos valiéndose de sus tradiciones, siendo una de estas que cada quien podía modelar su propia imagen de Dios.
Entonces convocaron a los hombres del lugar y uno vez reunidos en la plaza principal les propusieron crear una imagen de San Ignacio de Loyola para que fuera el patrono de del pueblo.
Para labrar esta imagen, trajeron de las canteras de la sierra y navegando por las aguas del río Petatlán en una balsa, una gran piedra de 6 toneladas que colocaron de tal forma que pudiera verse a lo lejos y sirviera como punto de referencia.
Y así los artesanos iniciaron su obra la que resultó ser una tosca imagen del que se conocería como el “San Ignacio de Nío“, logrando así los sacerdotes su cometido de acercar a los indígenas al cristianismo.
A partir de ese momento la gente empezó a adorar al Santo y a solicitarle toda clase de favores; y con ello se iniciaron las procesiones de familias de distintos lugares que llegaban a Nío a visitar al Santo Patrono. Fue tanta la devoción y la fe hacia el santo, que decidieron edificarle un templo acorde a su grandeza, erigiendo así una iglesia construida de adobe cocido de Pueblo Viejo, un poblado cercano a Nío.
No siendo suficiente el construirle un templo, los indígenas decidieron pasearlo por los alrededores sobre una carreta que tenía que ser empujada por docenas de hombres, porque no hay que olvidar que la imagen pesa alrededor de 6 toneladas. Por supuesto que los accidentes eran frecuentes y por lo regular se trataba de muertes por “apachurramiento", razón por la cual los nativos a creer que San Ignacio de Nío era un santo muy corajudo y que se enojaba si no lo veneraban o paseaban con el debido respeto.
La leyenda que envuelve a este Santo dice que llegó el momento en que San Ignacio se sintió olvidado, por lo que cobro vida y por su propio pie recorrió los alrededores, para recordarles que estaba en Nío, lo cual origino dado a su inmenso tamaño, que dejara un rastro de sangre por todo el camino. Es por ello que para evitar su enojo, hasta el día de hoy en la iglesia de Nío en la que se encuentra ubicada la imagen, año tras año se lleva a cabo la festividad del santo, a la que llegan cientos de indios que bailan, cantan y beben durante tres días y tres noches para desaparecer después tal como llegaron.
Don Ramón Hernández el Cronista de Guasave, describe la imagen de San Ignacio de Loyola “como un santo muy extraño de piedra, de tamaño natural con el cuerpo gris y la cabeza pintada, vestido con ropas labradas al cual, los fieles vistieron con una capa y una especie de chal bordado”; y que cuando los lugareños quieren que llueva, llevan al Santo a bañar al río”, pero como el Santo “es obstinado como buen vasco, no siempre satisface los deseos de sus devotos, porque cuando no quiere que llueva, no se deja cargar”.
En resumen, este Santo, forma parte importante de la historia no solo de Sinaloa, sino de todo nuestro país, ya que es una de las muestras más representativas de los logros de los misioneros que vinieron por mandato de los Reyes Católicos a “evangelizar a los nativos del Nuevo Mundo”.
¡Hasta la próxima!
Lic. Hortensia Flores G.
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