Un moderno cuento de Navidad
 |
Lic. Hortensia Flores G. |
| |

Todos conocemos al menos un cuento de navidad, puedo casi asegurar que no existe persona alguna que no haya leído, escuchado o visto en el cine o en la televisión, ya sea con conocidos actores o con Mickey Mouse de protagonista, alguna versión del cuento de Navidad de Charles Dickens.
En los cuentos, relatos o historias de Navidad, lo importante es exaltar los valores del ser humano, fundamentalmente son historias llenas de amor, valentía y de milagros inesperados, Al respecto Paul Auster escribió: Las propias palabras “cuento de Navidad” tienen desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad son otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así. ¿Cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Es una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas”.
Pero a todo esto habrá quien se pregunte ¿quien es Paul Auster, y que tiene que ver con los Cuentos de Navidad?
Paul Benjamín Auster nació el 03 de febrero de 1947, en Newark, Nueva Jersey. Desde joven se vio atraído por la lectura siendo su favorita el Quijote de la Mancha de Cervantes, pero de igual forma gusta de Kafka, Allan Poe, Shakespeare y Dostoievski, entre otros.
Paul Auster quien ha escrito poesía y ensayos, además de haber publicado varios libros y guiones cinematográficos como el de la película “Smoke”, basada en su libro del mismo nombre; publicó en 1991 el libro “El cuento de Navidad de Auggie Wren”.
El cuento inicia explicando el porque no utiliza el verdadero nombre del protagonista, razón por la cual en adelante lo identificará como Auggie Wren y continúa describiendo la fría e impersonal relación que existe entre él y Auggie, que es un vendedor de puros holandeses en un mostrador en el centro de Brooklyn, y al cual conoce desde hace once años, sin cruzar más palabras que las necesarias para comprar sus puros. Así es hasta el momento en que el vendedor descubre en una revista, la reseña de un libro de Paul Auster junto con su fotografía y al identificarlo decide, ya que también el se siente artista, debe esforzarse por establecer una relación y poder conversar e intimar con él.
Al convertirse Auster en “confidente y camarada” de Auggie, éste se anima a presentarle “la obra de su vida”, 12 álbumes con fotografías tomadas por él durante los últimos doce años, en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton, diariamente exactamente a las siete de la mañana y exactamente con la misma vista. Todas las fotografías ordenas en cada álbum en orden cronológico, del 01 de enero al 31 de diciembre.
Al principio Paul no comprendió “la obra”, ya que no era más que la “misma fotografía” repetida 4,000 veces, hasta que Auggie le dijo “vas demasiado deprisa, nunca lo entenderás si no vas más despacio”. “Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada”. A partir de ese momento Auster empezó a prestar atención y así descubrió los detalles, vio los cambios de la luz debido al paso de las estaciones, la diferencia en el tráfico, las diferencias entre los días laborables y lo apacibles fines de semana, y sobre todo, descubrió las diferentes caras de las personas que acostumbraban pasar por esa calle a la misma hora pudiendo detectar en ellas los cambios en sus estados de ánimo; y a partir de ese momento, los álbumes no fueron aburridos ya que Auggie “estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano”.
En ese momento Paul no se pregunto como es que Auggie Wren inició con la afición de tomar fotografías.
Resulta que en la misma semana en que Auster conoce la obra de Auggie, también recibe una invitación del New York Times para escribir un cuento que de aceptar será publicado en el periódico en el día de Navidad. Auster decide intentarlo pero entra en conflicto, primero porque no acostumbra “escribir por encargo”, y después porque ante todo se niega a caer en los sentimentalismos acostumbrados o las influencias de Dickens o de otros “maestros el espíritu de la Natividad”.
Para despejarse decide dar un paseo, el cual concluye comprando sus puros con su amigo Auggie, este nota su preocupación y termina confesándole el motivo. En ese momento Auggie le propone contarle el mejor cuento de Navidad que jamás haya escuchado, a cambio de una invitación a comer.
Es así como van al restaurante y después del almuerzo Auggie inicia una historia diciendo que en el verano del 72, el fue testigo de como un chico de 19 ó 20 años robaba libros en una tienda, que el lo delató pero el ladrón logro salir, entonces el corrió detrás de él, nunca lo alcanzó pero descubrió que en su huida había tirado algo, que resultó ser su cartera.
Al revisar la cartera descubrió que no había dinero, pero si una licencia de conducir y algunas fotos familiares, por pena decidió no delatar al pobre muchacho sin suerte de Brooklyn con la policía, aún cuando tenía su nombre y dirección, por lo que decidió guardar la cartera.
Al llegar la Navidad y al encontrarse solo y sin nadie con quien celebrar, ya que su jefe, quien siempre lo invitaba a pasar la Navidad con su familia ese año se encontraba en la Florida, ve la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina y decide regresársela.
Se dirige hasta Boerum Hill y llega al departamento donde se supone que vive el muchacho, toca el timbre varias veces y cuando esta por retirarse al no obtener respuesta, oye unos pies que se arrastran hacia la puerta y la voz de una mujer mayor que pregunta ¿eres tu Robert?
Al abrirse la puerta Auggie descubre que se trata de una anciana ciega de aproximadamente 80 años que lo confunde con su nieto y se le acerca diciéndole que le da gusto que no se haya olvidado de su abuela Ethel en Navidad.
Convencido que por muy vieja y ciega que Ethel sea no es posible que confunda a un extraño con su nieto, decide seguir el juego, ya que intuye que los dos son felices fingiendo ser la persona que el otro espera que sea. Y así Auggie pasa todo el día con la anciana, respondiendo con mentiras a todos sus cuestionamientos e inventando un futuro prometedor. Al paso de las horas Auggie siente hambre y decidir salir a comprar víveres en una tienda cercana, la anciana saca dos botellas rancias de vino que tenía guardadas y así preparan su comida de Navidad.
Llega el momento en que Auggie necesita ir al baño, y cual va siendo su sorpresa al entrar al cuarto de baño que descubre apiladas contra la pared al lado de la ducha, seis o siete cajas con cámaras nuevas de 35 milímetros de primera calidad, que seguramente habían sido producto de otro robo de Robert.
En ese momento Auggie le confiesa a Auster que el nunca había tomado una foto y mucho menos robado nada, pero sin embargo sin pensarlo tomo una de las cámaras la escondió bajo un brazo y salió del baño.
Aún cuando no se había tardado más que algunos minutos, al llegar a la sala encuentra a Ethel dormida, por lo tanto sale sin despedirse de ella, pero antes deja la cartera de Robert sobre la mesa.
Al concluir con la historia Auster le pregunta a Auggie si regresó alguna vez y este le contesta que el remordimiento lo obligo a regresar pero ya no encontró a la anciana y por más que se propuso averiguar su paradero nunca supo de ella.
Auster reflexiona y le dice que hizo una buena obra al pasar la última Navidad con ella, pero el replica que no lo considera así ya que le mintió y le robo, a lo que el rebate que al fin de cuentas ella fue feliz y que la cámara era robada ya que ella no era la verdadera dueña. Por lo tanto Auggie le había dado un buen uso a la cámara y gracias a eso el ya tenía su cuento de Navidad.
Sin embargo Paul Auster concluye su historia haciendo el comentario de que al descubrir una risa maliciosa en Auggie, dudó si la historia fue real o inventada por el y que estaba seguro de que nunca sabría la verdad; pero al fin de cuentas “mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad”.
Quizás Paul Auster considera que su historia de Navidad rompe los estereotipos que tanto le preocupaban, ya que habla de robo, de relaciones interesadas, de gente más “real” y de situaciones comunes hoy día, pero yo me pregunto ¿ acaso las “buenas acciones de Auggie” al no denunciar al muchacho y pasar la Navidad con la abuela, no son los actos típicos de la historias de Navidad ?.
Que más da si es verdad o mentira, si la época decembrina es cursi o no, si es por convicción o por costumbre que en estas fechas todos intentamos ser mejores personas, yo creo que vale la pena que mostremos nuestros mayores virtudes o cualidades, y que disfrutemos al máximo del espíritu navideño, en fin solo es una vez al año ¿no lo crees?, ¡Feliz Navidad!
¡Hasta la próxima!
Lic. Hortensia Flores G.
|