EVANÁLISIS
 |
Cristina Goddard |
|
Dejar a un hombre es fácil, un poquito de valor… y a darle vuelta a la hilacha. Ahora bien, conservarlo, eso sí que es faena. No cualquiera, déjeme decirle a usted, no cualquiera se avienta ese torito. Muchas hay que viven con el hombre bajo el mismo techo y hasta comparten cama con él, pero para ellas no pasa de ser un bulto más entre tantos enseres. Conservarlo, señoras, ése sí que es otro cantar. Ya me explico…
Lo primero es la salud. Ya puede ser un santo varón, que si no goza de robusta constitución, no les servirá ni pa’ novena. Hay que alimentarlo con esmero, con mesura, cumpliéndole sus antojos, pero cuidándole sus excesos. ¿Cómo? se preguntarán ustedes. Pues ahí está el detalle, amigas mías. Comida sana y variadita, ejercicio, sueño reparador, una que otra vitamina y exámenes médicos periódicos. Claro, todo lo anterior sin que el inocente se dé cuenta de lo que sucede. Una sutil persuasión para que crea que guisamos lo que le gusta, que cuando juega cascarita con el compadre es para darnos en la torre, que sienta que nos da calabazas persiguiendo a las jovencitas “nice” los sábados en el parque. Así, lo vamos manteniendo en forma.

Lo segundo es el dinero. Sépanse ustedes que el bolsillo es el meritito “talón de Aquiles” de cualquier macho que se respete. Esto sin importar si tiene mucha o poca plata. Algunos centavos nos los da a regañadientes… Aquí toca aplicar la estrategia del colchón, que nada tiene que ver con el débito conyugal, sino con la estrategia negociadora que utiliza el marchante, el tesorero corporativo o el Ministro de Hacienda. “Inflar” un poquito el presupuesto doméstico, y asunto resuelto. El pequeño excedente, ya saben ustedes, es para “vénganos tu reino”. Es importante que el proveedor se sienta necesario, se perciba a sí mismo como “hueso duro de roer” y siempre ganador en esto del “toma y daca”. ¿Qué es poquito lo que logran sacarle pa’l gasto? ¡Que no cunda el pánico! Para esta circunstancia existe la partida discrecional: es decir, la sustracción metódica, imperceptible del billete de baja denominación, al momento de las abluciones matutinas. Y no se sientan mal, señoras mías. No están traicionando la confianza del matrimonio. ¡Todo lo contrario! Están preservando la solidez del patrimonio futuro. No lo hacemos por nosotras, sino por el bienestar de ellos.
Lo tercero y último, es el puritito amor. Ya saben, ni “tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”. Darse a desear, pero no demasiado. Querendona, pero picosita. Cama matrimonial de rigor y seducción permanente. Aunque lo vea calvo, panzón y desganado, usted hágale creer que Adonis no le llega ni a los talones. Si ve que no le va a “dar batería”, hágase la remolona. Si lo encuentra bien entonado, nunca desaproveche la oportunidad. En suma, que su Don Juan, Romeo o Casanova sienta que siempre tiene la sartén por el mango.
Ya lo ven: mucho afán, trabajo, desvelos y asiduidad para conservar a su hombre en buena forma, solvente y cumplidor. ¿Valdrá la pena tanto esfuerzo? Aplique la ecuación de los economistas, aquélla del costo/beneficio, y decida en consecuencia. La matemática es una ciencia exacta y nunca falla.
Cristina Goddard quiere saber tus comentarios, preguntas, críticas...Puedes contactarla en cdiazdelaserna@gmail.com
|
|