En septiembre pero de 1934...
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Lic. Hortensia Flores G. |
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Una de las obras arquitectónicas más bellas del mundo y de gran orgullo para México es el Palacio de Bellas Artes”.
Este maravilloso recinto tiene una gran historia, ya que para poder llegar al día de su inauguración tuvieron que pasar más de 30 años llenos de problemas y grandes decisiones.
Se puede decir que su historia inicia en 1842, cuando en México se coloca la primera piedra del único lugar al que podía asistir la alta sociedad mexicana a disfrutar de la presentación de operas, zarzuelas y representaciones teatrales de obras famosas, el “Teatro de Santa Anna”, llamado así en honor del Presidente de la República de ese momento.
El Teatro se encontraba situado en la calle Vergara, hoy mejor conocida como Bolívar, y fue construido por un arquitecto español llamado Lorenzo de la Hidalga en el año 1844.
Con el paso del tiempo y el consiguiente cambio de poderes, el Teatro fue modificando su nombre pasando por Teatro Vergara, Teatro Imperial, hasta llegar a Teatro Nacional.
Desafortunadamente para el Teatro Nacional, aún cuando tuvo sus momentos de gloria ya que en él se estrenó el Himno nacional Mexicano, llegó el momento en que se consideró que no tenía el tamaño adecuado puesto que empezaba a ser insuficiente y mucho menos se encontraba a la altura de los mejores teatros del mundo. Por lo tanto no cumplía con las expectativas del régimen porfirista, en el que se pretendía “elevar la cultura de México a la altura de las grandes ciudades Europeas” y mucho menos con la premisa hoy mejor conocido en el argot político como “slogan” del Presidente Porfirio Díaz “Orden y progreso”.
La tendencia de Díaz era “imitar los estilos europeos al servicio de la burguesía”, lo cual trataba de conseguir a través de la construcción de edificios ostentosos, un claro ejemplo de esto es el Edificio de Correos, el Palacio de Comunicaciones y el inicio de la construcción del Palacio Legislativo, hoy Monumento a la Revolución.
Por lo tanto con el propósito de “responder a las necesidades de la nueva metrópoli" el Presidente Díaz decidió demoler el Teatro Nacional que además de estar mal ubicado, ya que se encontraba en medio de las obras destinadas a prolongar la avenida Cinco de Mayo (llamada después Eje Central Lázaro Cárdenas), había sido edificado por Santa Anna, por lo tanto era mejor comenzar un nuevo proyecto y crear un “Nuevo Gran Teatro Nacional”.
El recinto se diseñaría a su gusto, muy al estilo europeo y se inauguraría en el marco de las festividades de la conmemoración del Centenario de la Independencia de México. ¿Dónde habré escuchado algo parecido?
En fin, el caso es que el proyecto de construcción fue encargado al arquitecto Adamo Boari, nacido en Marrara (Ferrara, Italia) en 1863; cuya fama llegó a México, por lo que antes de establecerse definitivamente en nuestro país, es invitado a participar en diversos proyectos tales como, la construcción de la Cúpula de la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, la Parroquia de Matehuala y el Templo Expiatorio; y a partir de 1899 ya residiendo en México, crea un monumento a Porfirio Díaz, participa en la construcción del Palacio de Correos y en los arreglos del Palacio Nacional.
En 1902 después de recorrer y comparar los teatros de Europa y Chicago, Adamo Boari entrega el anteproyecto de lo que puede llegar a ser el Nuevo Teatro Nacional, el cual es modificado por el gobierno, quién aumento la majestuosidad del recinto. El presupuesto del proyecto fue de $4´190,844.00 y se programó para realizarse en 4 años.
Se consideró como la ubicación perfecta para realizar la obra, un terreno que se encontraba en el Centro de la ciudad, entre la Alameda y el Edificio de Correos; es decir, entre las calles Mirador (Angela Peralta), Santa Isabel (Eje Central), Mariscala (Hidalgo) y Puente de San Francisco (Juárez), en el que estuvo ubicado el Convento de Santa Isabel. Cuando el recinto fue clausurado por las Leyes e Reforma, pasó a ser una fábrica de textiles (sedas) y por último una vecindad.
La obra inició en 1904 con el Ingeniero Gonzalo Garita, los cálculos para la cimentación los realizó un arquitecto de Nueva York, y en virtud de las condiciones fangosas del suelo de la ciudad de México, se recurrió a lo especialistas de la Compañía estadounidense Milken Brothers, que sabían trabajar este tipo de suelo, ya que el suelo de Chicago es similar al de México.
Desafortunadamente desde su inicio el proyecto se enfrentó a diversas situaciones, que no solo implicaron mayor tiempo, sino también inversión y esfuerzo, empezando con el inicio de la Revolución Mexicana en 1910, que obligó a que se interrumpiera la obra, hay quienes dicen que durante 9 años, otros dicen que a partir de 1912 el ritmo de la obra disminuye hasta que en 1916 se detiene por completo.
Otro de los problemas graves es que en 1910, la plataforma de concreto de los cimientos empezó a hundirse, por lo que hubo que inyectarse una mezcla de cemento, cal, grava.
En 1916, aún sin concluir lo que el consideró su obra magna, Adamo Boari regresa a Roma donde muere en 1928. Aún en el retiro, Boari continuó enviando desde Italia planos, fotografías, actualizaciones y aspectos decorativos de los ornamentos en una carpeta titulada “La Construzione di un Teatro”.
El proyecto se reinicia en 1919, bajo la dirección del Arquitecto Antonio Muñoz, durante el período presidencial de Venustiano Carranza con la idea de inaugurarlo en 1921; pero esto no se llevó a cabo a consecuencia de la muerte de Carranza.
En 1928 con el propósito de recaudar los fondos que permitieran continuar y concluir la construcción, el Subsecretario de Comunicaciones y Obras Públicas creó el Comité a través del cual se logra contar con los medios y reiniciar la obra; sin embargo nuevamente se suspende.
En 1930, el Presidente Pascual Ortiz Rubio, emite un acuerdo para que se concluya el Teatro Nacional, bajo dos premisas: que la obra sea lo más económica posible y que se respete lo más posible el proyecto de Boari.
Entonces el Secretario de Hacienda de ese momento el Ing. Alberto J. Pani interviene declarando que “si la obra no responde a una necesidad social, puede quedar definitivamente abandonada. No se trata ahora de concluirla por concluirla, sino de examinar hasta que punto se impone el sacrificio económico que demanda su conclusión”.
Es por ello que el “Nuevo Teatro Nacional” se convierte en el “Palacio de Bellas Artes”, para que sea una Institución con finalidad social y pública que fomente y difunda el arte, favoreciendo a la sociedad en general.
Así bajo la responsabilidad del arquitecto mexicano discípulo de Boari, Federico Mariscal, se reinician los trabajos, pero por problemas presupuestales no se continúan.
En 1932, mediante un nuevo acuerdo presidencial y con los planos del Arquitecto Mariscal, se reinician los trabajos definitivos, en esta ocasión sin interrupciones.

Por fin el “Nuevo Teatro Nacional”, una obra que se concibió en 1902 para concluir en 1910, fue inaugurado como el “Palacio de Bellas Artes”, el 29 de septiembre de 1934, por el entonces Presidente Abelardo L. Rodríguez., con la participación de la Orquesta Sinfónica de Carlos Chávez y la representación de la comedia “La Verdad Sospechosa”, de Ruiz de Alarcón, con la compañía teatral de María Teresa Montoya y Alfredo Gómez de la Vega.
¡ Hasta la próxima ¡
Lic. Hortensia Flores G.
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