CERRÓSE UNA PUERTA Y ABRIÓSE UNA VENTANA…
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Cristina Goddard |
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-¿Cómo enfrentar esta crisis económica que todos califican de global, épica y devastadora?- preguntábase Bartola el primer minuto del uno de enero del año 2009. Idos y olvidados aquellos años de abundancia, donde los memorables dos pesos daban para la renta, el teléfono y la luz. Tiempos de plenitud y bonanza cuando alcanzaba, cuando sobraba para el gasto y el tan consabido guardado para echarse un alipuz. Bartola empezaba el año en ceros y dándose por bien servida de, al menos, no tener deuda alguna.
Cuando hay hambre, la carne es débil y el espíritu flaquea. Esta vez no hizo oídos sordos a las palabras de la comadre Olguita. -¡No sea taruga, comadre! ¿A ver, dígame, de qué le ha servido ser la más pagana de esta humilde vecindad? ¡De nada, Bartola, de nada! ¿Quiere que le rinda el gasto? ¡Pos no gaste comadre! Como dicen en mi tierra: Jalisco nunca pierde, y cuando pierde, arrebata…
Llegó el predial y no lo pagó. ¿Quién iba a tener los pantaloncitos de embargarle su cuarto en el mero corazón de la Candelaria de los Patos? Los recibos de agua se fueron acumulando en la alacena, como milanesas empanizadas de tanto cochambre y polvo juntos. Previamente se había informado de la disposición que prohíbe al gobierno la interrupción de suministro del vital líquido. Higinio, su eterno pretendiente, se ocupó de “colgarla” con diablitos del cable de alta tensión. Cuando la directora de la escuela oficial, solicitó la “cooperación” anual para acondicionar las aulas, Bartola no se tentó el corazón y, de un día para otro, sacó a los chamacos del colegio y los puso de franeleros en distintos puntos del oriente de la ciudad. Cedió al canto de la sirena, rolliza y merolica, que le ofrecía una tarjeta de crédito sin necesidad de comprobar ingresos, solvencia o identidad. El plástico se convirtió en su mejor aliado y de ahí salieron víveres, electrodomésticos y hasta un viajecito a Mocambo como premio a sus escuincles que día con día, religiosamente le entregaban sus pingües ganancias. La tarjetita no sólo era licencia para comprar, sino también para multiplicar. Como decía el anuncio, la llave del mundo le abrió las puertas de otros bancos, tiendas departamentales y comercios varios que, al ver que no estaba boletinada en el Buró de Crédito, gustosamente le otorgaban más y más plásticos. En su cabecita loca resonaban siempre las sabias palabras de su comadre Olguita: -Eso sí comadre, sólo pague el mínimo y nunca caiga en mora.

De ahí p’al real todo fue fácil y de bajadita… Compró su carrito último modelo a pagar en 48 meses, organizó a sus chamacos, parientes y vecinas más en forma y creó una agrupación de ambulantes, convirtiéndose así en lideresa vitalicia. Descubrió que el mal sí triunfa sobre el bien y que dinero llama a dinero… A cambio de favores otorgados o la amenaza de no concederlos, un día se vio aceptando la candidatura a Diputada Federal por un partido desconocido y con la curul llegó por fin el cuerno de la abundancia. En un abrir de ojos brincó de las clases necesitadas a la oligarquía político financiera, sin haber siquiera saboreado las mieles de la clase media. -¿Crisis? No sé de qué me habla usted. Para mí, la palabra crisis, es sinónimo de o-por-tu-ni-dad- decía ufana ante los micrófonos y cámaras que siempre celebraban su informada opinión.
El mundo recuerda 1929 como el año de la Gran Depresión. Bartola Sandoval Papasquiaro, recordará por siempre el 2009 como el año en que vendió su alma al diablo, a cambio de olvidar en el camino los principios, la dignidad y el trabajo.
Dicen que, desde entonces, no duerme tranquila…
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