Las Brujas de Salem
 |
Lic. Hortensia Flores G. |
|
En marzo de 1692, se inició uno de los procesos más famosos en la historia de la Inquisición, el juicio de las “Brujas de Salem”.
Para relatar esta historia comenzaremos por hablar de los origenes de la “Santa Inquisición”.
En 1231 el Papa Gregorio IX para “inquirir (indagar, investigar cuidadosamente) y castigar a los herejes” o sea a las personas que cometían delitos contra la fe, estableció un Tribunal Eclesiástico denominado “La Santa Inquisición”.
La forma de operar de este “tribunal” era, una vez que la Inquisición recibía una denuncia, se iniciaba el “tiempo de gracia”, el cual consistía en un mes de predicaciones buscando recibir más denuncias sobre el acusado.
Dependiendo de la situación del enjuiciado ya fuera “afligido” (poseído por el demonio) o “acusado” podían conseguir su arrepentimiento y con esto lograr el perdón.

Desafortunadamente “el afligido” durante el proceso acostumbraba nombrar a las personas que los habían embrujado o bien provocado que el demonio lo poseyera y así se establecía la culpabilidad de los “brujos o brujas” (hombres, mujeres o niños) y eran ejecutados en la horca.
En el caso del “condenado”, este era sometido a diversas “penas”, pasando por todo tipo de torturas y llegando al máximo castigo, la muerte en la horca (ya que los historiadores dicen que no es cierto que eran quemados en la hoguera).
Pero volviendo a nuestra historia se dice que en el año de 1692 en un pueblo de la Nueva Inglaterra, ahora conocida como Bahía de Massachussets (Danvers, Boston) vivía la familia del Reverendo Parris, cuya hija y sobrina Elizabeth Parris de 9 años, y Abigail Williams de 11 años, eran cuidadas por una esclava que el reverendo se había traído nativa de las Antillas llamada Tituba.
Tituba no practicaba la religión católica, más bien practicaba ritos religiosos y probablemente el vudú; cuentan que podía adivinar el futuro, leer la suerte en la clara de un huevo, o ver la silueta del futuro esposo en el humo de un vela.
Para entretener a las niñas, Tituba inventaba todo tipo de distracciones como trucos sencillos o historias de miedo,
El problema empezó cuando las niñas Parris empezaron a comportarse extrañamente, (según decía la gente caminaban y ladraban como perros) o a veces se quedaban mudas, con las bocas paralizadas, los miembros destruidos y atormentados.
Elizabet y Abigail fueron revisadas por el médico William Griggs, quién al no poder dar un diagnóstico, lo único que se le ocurrió decir era que Tituba las había embrujado.
Por si fuera poco, tiempo después Ann Putman, de 12 años, empezó también a mostrar actitudes extrañas y declaró ante la corte que había peleado con una bruja que había intentado decapitarla.
En marzo de 1692 se inició el juicio contra Tituba, pero hemos de recordar que si la persona acusada ante la Inquisición de ser bruja admitía su “pecado”, esta no era ejecutada; por lo tanto Tituba confesó ser bruja y admitió que su espíritu había atacado a la niña Putman y remató acusando a las niñas Parris de practicar también la brujería. Tituba salvó su vida pero fue vendida por el Reverendo Parris.
Por supuesto que las niñas Parris no se iban a dejar, por lo tanto se defendieron diciendo que estaban poseídas por el demonio y que ellas podían reconocer a quienes practicaban la brujería y entonces empezaron a acusar a otras personas, “en el afán de ayudar a los ministros a atrapar a las verdaderas brujas”.
La “inocente ocurrencia” de estas niñas originó una sangrienta y desalmada “cacería de brujas” que duró aproximadamente 7 años, en la que murieron muchos inocentes que por supuesto no admitieron su culpa.
A raíz de la constitución del Tribunal especial de Auditoria y Casación en Salem para juzgar los casos de brujería, el cual fue presidido por el Juez William Stoughton, se dice que fueron arrestadas aproximadamente 200 personas y 200 más fueron acusadas por las niñas Parris.
La prueba de que muchas personas inocentes fueron juzgadas y en algunos casos ejecutadas, fue la confesión que cuatro años después de los tan sonados juicios de Salem, los jurados firmaron solicitando clemencia y admitiendo su error al reconocer que habían sido imparciales al basarse únicamente en los testimonios de gente que aseguraba que la verdad la había conocido por medio de fantasmas y espectros; además de que lo acusados eran siempre de clase social baja. Como resultado de esta acción, tiempo después se ofreció disculpas y se indemnizó a las familias de las víctimas.
Hoy día Salem es un punto turístico que recibe miles de turistas al año interesados en conocer esta “famosa historia” que perdura en la memoria universal y que ha sido llevado tanto al teatro como al cine, aunque en muchos casos la historia se ha presentado bastante desvirtuada.
¡Hasta la próxima!
LIC. HORTENSIA FLORES G.
|