El máximo exponente del Sadismo.
 |
Lic. Hortensia Flores G. |
|

El 2 de junio de 1740 nace en París en el palacio de los príncipes de Condé, borbones de la misma rama de los reyes de Francia, el hijo único de Jean Bastiste François Joseph de Sade y de Marie Eleonore de Maille de Carman, pariente del rey de Francia y dama de compañía de la princesa, “Donatien-Alphonse-Francoise de Sade, el auténtico Marqués de Sade”, quien fuera “un investigador sexual” y escritor enfocado al lado más siniestro de la lujuria y la carnalidad, hoy día reconocido como el máximo exponente del sadismo, lo que le valió ser perseguido toda su vida y encarcelado por el mismo motivo casi 30 años.
Pero su vida fue más interesante de lo que uno puede suponer, cuando Sade tenía 4 años, su madre renuncia a su empleo de dama de compañía para viajar con su padre, que era diplomático, es por ello que Donatien es enviado al castillo de Saumane para que su abuela y sus tías paternas se hagan cargo de él.
A los 14 años, ingresa en la academia militar, un año después, recibe el grado de Subteniente del Regimiento de Caballería Ligera de La Guardia del Rey, pasando a formar parte de la élite del ejército francés.
Aún sin haber cumplido los 16 años, en su cargo de Teniente, participa en la Guerra de los Siete Años, al terminar la Guerra en 1763, Sade siendo Licenciado regresa a Lacoste.
Lo más contradictorio en su vida es que se casó con una mujer de sociedad muy inteligente, con mucho dinero, con una familia con excelente posición e influencias en la Corte, devotamente religiosa, y que contrario a lo que uno pueda pensar, alentó los talentos literarios de su esposo y luchó la mayor parte de su vida por su libertad, Renee Pelagie Cordier de Launay de Montreuil, o la Marquesa de Sade.
La boda se realizó porque Sade accedió a los deseos de su padre ya que este había negociado la boda, sin embargo se dice que el estaba enamorado de una jovencita de la nobleza de Lacoste, la señorita de Laurais de Vacqueyras.
Sade tuvo diversas amantes y recurrió al servicio de prostitutas durante su matrimonio y todo lo atribuyó a que añoraba una boda por amor, por lo que expresó:
“Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran rosas de primavera. Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco. De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa. Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor. En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad. ¡Vana ilusión! ¡Sueño demasiado sublime!”
Como escritor tenia un estilo picaresco mezclado con horror y obsesión sexual, sus obras en algunos casos fueron confesiones, que contenían descripciones explícitas de violaciones o perversiones, actos de violencia extrema, con antihéroes, protagonistas de las más aberrantes violaciones y de disertaciones en las que justifican cínicamente sus actos, mediante “sofismas” (razones, engaños o argucias con las que se quiere defender o persuadirlo que es falso) justificaba sus acciones.
El Marques de Sade ha sido considerado durante más de 200 años, como una persona cruel e inhumana, por lo tanto al tratar de describir su vida, uno cree que se tratará de la vida de un “monstruo”, pero no es así, la vida del marqués de Sade resulta mucho menos aberrante de lo que uno espera, sin embargo el destino que le deparó es si se puede calificar “espantoso”, ya que no solo estuvo a punto de morir por sus crímenes sexuales, sino que también estuvo a punto de morir en la guillotina por sus ideas revolucionarias cuando se encontraba encerrado en la Cárcel Picpus durante los últimos días de la Revolución Francesa y donde por cierto pudo presenciar la decapitación de Maria Antonieta.
En su máxima obra y supuestamente la última, "Letras prohibidas: la leyenda del Marqués de Sade" vierte muchos elementos basados en hechos reales.
A partir de la edad de 61 años, vivió en el destierro en un asilo en Charenton le-Pont (comuna y población de Francia, en la región de Isla de Francia, departamento de Valle del Marne, en el distrito de Créteil) por órdenes de Napoleón Bonaparte, quién quiso evitar que el Marqués publicara su próxima novela titulada Juliette.
Este asilo era dirigido por el Abad Coulmier, quién se convirtió en su amigo. Gracias a su posición económica, el Marques vivía con todas las comodidades, de las cuales por supuesto no gozaba el resto de los enfermos y recluidos, ya que a cambio de las 3000 libras al año que pagaba su familia, “su celda”, era una suite de 2 recámaras, con vista al río Marne, decorada con su propia colección de arte, con una librería de más de 250 libros
El Abad Coulmier se hizo amigo del Marqués, y consideró que sería una buena terapia para él, permitirle supervisar el teatro y poner en escena algunas de sus obras, y esto fue así hasta que en el año de 1806 llegó al asilo Antoine Royer-Collard, un doctor conservador y moralista vinculado al régimen Napoleónico, que al encontrar a Sade escribiendo manuscritos en su celda y sosteniendo discusiones literarias con otros pacientes, se indigno enormemente y tomó medidas para que la policía hiciera un allanamiento, en el que gran parte de su trabajo fue confiscado y considerado como "una serie de obscenidades, blasfemias y malvadas atrocidades".
Cuatro años antes de morir, en 1810 año en que por cierto murió la marquesa de Sade su esposa, por órdenes del Ministerio del Interior de Napoleón, el Marques fue sacado de su suite y enviado a una celda recluido, prohibiéndole tener todo tipo de objetos que le permitiera escribir, ya que “con sus escritos exhortaba al crimen”. Por fortuna para Sade el Abad Coulmier abogó por él y logro revertir la orden.
El Marqués de Sade murió en Charenton el 2 de diciembre de 1814, debido a una insuficiencia respiratoria, es decir después de casi 30 años de encierro. En sus últimos momentos fue atendido por un joven llamado Ramón, y acompañado de Marie Constance ex actriz que conoció en 1790 y que había sido abandonada por su esposo, convirtiéndose en su eterna compañera.
Años atrás antes de su muerte Sade había redactado y guardado su testamento el cual decía:
“Prohíbo absolutamente que mi cuerpo sea abierto bajo ningún pretexto. […] …se enviará un recado urgente al sieur Le Normand,[…] para rogarle que venga él mismo, seguido de una carreta, a buscar mi cuerpo para transportarlo bajo su escolta en la susodicha carreta al bosque de mi tierra de la Malmaison, comuna de Émancé, cerca de Épernon, donde quiero que se entierre sin ninguna especie de ceremonia en el primer soto que se encuentra a la derecha del susodicho bosque, entrando por el lado del antiguo castillo, por la gran avenida que lo divide. La fosa practicada en este bosque será cavada por el granjero de la Malmaison, bajo la inspección de Monsieur Le Normand, que no abandonará mi cuerpo hasta después de haberlo colocado en la susodicha fosa; si quiere, podrá hacerse acompañar en esta ceremonia por aquellos de mis parientes o amigos que, sin ninguna especie de aparato, hayan querido darme esta última muestra de afecto. Una vez recubierta la fosa, será sembrada de bellotas a fin de que el terreno y el soto vuelvan a encontrarse tupidos como eran antes y las huellas de mi tumba desaparezcan de la superficie de la tierra, como espero que se borre mi memoria de la mente de los hombres, excepto un pequeño número de los que han querido amarme hasta el último momento y de los cuales me llevo a la tumba un recuerdo muy dulce”
Asimismo en su testamento deja heredera universal de sus escasos bienes a su compañera Constance: “Deseo expresar a esta dama mi extrema gratitud por la dedicación y sincera amistad que me prodigó desde el 25 de agosto de 1790 hasta el día de mi muerte.
Desafortunadamente su hijo Armand no respetó las últimas voluntades de su padre y lo enterró en Charenton, después de una rutinaria ceremonia religiosa. Posteriormente su cráneo fue exhumado para realizar con él estudios frenológicos.
Para acabar, su hijo Armand quemó todos sus manuscritos inéditos, incluida una obra en varios volúmenes, Les Journées de Florbelle.
La mayor parte de la obra de Sade fue escrita precisamente en esos 30 años de encierro en Charenton y estuvo prohibida en Francia hasta los años 60's.
El Marques de Sade tuvo muchos detractores, y fue acusado de muchos delitos y enfermedades hasta de “demencia libertina”, como ejemplo podemos citar la descripción de Walter Lenning:
«He aquí un nombre que todo el mundo conoce y que nadie pronuncia: tiembla la mano al escribirlo y, cuando se lo pronuncia, en los oídos resuena un sonido lúgubre [...] Los libros del marqués de Sade han asesinado más niños que los que podrían matar veinte mariscales de Retz, los siguen asesinando aún [...] Rodeaba a este hombre un aire pestilente que lo hacía odioso a todo el mundo [...] Hoy en día, es un hombre a quien todavía se honra en las cárceles; allí es el dios, allí es el rey, allí es esperanza y orgullo. ¡Qué historia! Pero, ¿por dónde comenzar, qué aspecto enfocar de este monstruo y quién nos asegurará que en esta contemplación, aunque realizada a distancia, no nos alcanzará alguna salpicadura lívida?»
A principios del siglo XX, Apollinaire rescata su obra del “infierno” de la Biblioteca Nacional francesa y reivindica su figura y André Breton y los surrealistas lo ensalzan. Desde entonces, junto a biografías que intentan acercarse a la realidad del personaje, como las de Maurice Heine y Gilbert Lely, surgen otras muchas que recrean la leyenda más o menos abiertamente
¡ Hasta la próxima ¡
Lic. Hortensia Flores G.
|
|