AUDITORÍA
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Cristina Goddard |
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- ¿Hacemos cuentas?
- No sé por qué me lo preguntas. ¿Tengo opción?
- Realmente no, pero siempre es bueno guardar las formas, ¿No crees?
-Tú dirás. ¿Por dónde empezamos?
- Por lo que a ti más te importe. Tú eres quien suma, resta, divide y multiplica.
- Está bien… Perdí dinero este año. No me subieron el salario, la inflación rebasó lo poco que me da el banco, todo me costó más, mucho más que el año pasado y ganando lo mismo. O sea, que salí perdiendo.
- Quizá no ganaste, perdiste algo, pero no te faltó para hacer frente a todas tus necesidades, incluso para darte uno que otro gusto. ¿No es cierto?
- Viéndolo así, tienes razón. Pero ¿cómo me va a ir el año próximo?
- No anticipes vísperas. Estamos cerrando el balance de éste que termina.
- Supongo que sí. En el trabajo no me fue nada bien. Merecía el ascenso y la promoción y se la dieron a otro con menos méritos y antigüedad que yo.
- No te quedaste sin empleo, a diferencia de muchos. ¿Cómo sabes lo que ese puesto traía consigo? A lo mejor el precio de ganar más y tener responsabilidades mayores, era menos tiempo con tu familia, más estrés, distanciamiento con tus compañeros de trabajo.
- ¿Quién eres que encuentras siempre el lado positivo a todo? No sé, ni me importa. Lo único que es cierto es que todo eso me pasó a mí, no a ti.
- Por eso estoy aquí contigo, para que la contabilidad cuadre.
- ¿Quieres ver el balance? ¿Cómo reflejo la pérdida de mis seres queridos? Murió mi madre, mi mejor amigo, hasta mi médico de cabecera… ¿Qué dices a eso?
- La muerte de tu madre fue repentina, inesperada. Te causó un profundo impacto, pero ella no sufrió y se ahorró una vejez complicada, llena de minusvalías y ausencias. Miguel, tu compadre, tomó una decisión que ni tú, ni yo, ni nadie podemos juzgar. ¿Te enseñó algo? Me parece que encendió una luz amarilla que te hizo reflexionar profundamente. El doctor Villanueva se fue cuando le tocaba marcharse. No seas egoísta. Murió en el momento adecuado para dejar una pensión vitalicia a su esposa. Todos llegamos y todos nos vamos. Piensa en lo que aprendiste con la vida y la muerte de cada uno de los tres.
- Supongo que no hay mal que por bien no venga…
- Tú lo dijiste, no yo.
- Este año fue una calamidad en cuanto a salud. No me vas a decir que eso no duele.
- Todas las pérdidas duelen, ya es tiempo que lo sepas.
- De un día para otro tuve que usar lentes para leer, me diagnosticaron principios de diabetes y pasé tres semanas postrado por un problema de espalda.
- Así te diste cuenta, por fin, de que no eres infalible. Enfrentarte con tus limitaciones te hizo más compasivo y prudente. Ahora te esmeras más por cuidar lo que sí tienes, lo aprecias y valoras. Finalmente, todo lo que te pasó, tiene remedio. Imagínate el otro escenario… Tú fuiste capaz de remontar la adversidad, otros no fueron tan afortunados.
- ¿Y qué me dices del país, del gobierno, de la inseguridad? Nunca ha sido peor que ahora y seguro el año que entra va a empeorar. ¡Que desgracia!
- ¿Te has preguntado qué responsabilidad tienes tú de esta situación? Ya sé que me dirás que el problema te rebasa, que como individuo nada puedes hacer, que eres víctima de las circunstancias… Pero piensa un poco y haz examen de conciencia. ¿Tiras basura? ¿Ofreces “mordida”? ¿Te estacionas en doble fila? ¿Manejas en sentido contrario? ¿Eres solidario con quien menos tiene? ¿Participas en actividades ciudadanas? ¿Denuncias? ¿Votas? La caridad empieza en casa y las pequeñas acciones –buenas y malas- generan los grandes males, pero también los grandes remedios. Da gracias que a ti, este año, no te pasó nada. Conduélete con las miles de familias que perdieron a alguien en este clima de violencia.
- Bueno, mejor así la dejamos. ¿Cerramos la cuenta?
- No. La cuenta nunca se cierra. Es dinámica y siempre está en movimiento. Olvídate por un momento de ti y da algo a otro: una palabra, una sonrisa, una ayuda, un buen sentimiento. Todos los días puedes favorecer el balance.
Servando despertó el 1° de enero con la sensación de haberse quitado un peso de encima. Jamás recordó el sueño ni a su interlocutor.
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