El Monumento a Cuauhtémoc
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Lic. Hortensia Flores G. |
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El 19 de junio de 1921, 4 días después de haber cumplido los 33 años, muere en la Ciudad de México, RAMON MODESTO LOPEZ VELARDE.
Ramón López Velarde nació en Jerez de García Salinas, Zacatecas el 15 de junio de 1888, siendo el primero de 9 hijos.
López Velarde comenzó a escribir sus poemas en 1915, primero inspirado en el recuerdo de su tierra (Jerez) y después en el recuerdo a su primer amor Josefa de los Ríos “Fuensanta”.
En 1916 escribe su primer libro “La Sangre Devota” y para 1920, año en que José Vasconcelos es nombrado ministro de Educación, López Velarde publica artículos en dos revistas promovidas por Vasconcelos, México Moderno y El Maestro.
Es en esta publicación “El Maestro”, donde aparece un breve ensayo llamado, "Novedad de la Patria", el que servirá de base para desarrollar su poema más famoso y por el cual es considerado “el poeta nacional de México, "La suave patria".
Suave Patria es el poema más difundido de López Velarde, fue escrito con motivo del Primer Centenario de la Independencia de México y concluido el 24 de abril de 1921, fecha en que el autor lo firma, siendo así que acaba de cumplir 90 años. El poema fue publicado en ese mismo año en la revista “El Maestro”.
“Suave Patria”, en su momento fue considerado un poema “algo irreverente” por la forma en que en algunas estrofas López Velarde se refiere a la Patria, pero es un poema tan completo que en él habla del amor, del dolor pero siempre exaltando el “alma nacional”, con lo que denota el inmenso arraigo que el poeta tenía hacia su tierra.
No sé si has tenido la ocasión de leerlo en su totalidad, antes era un tema obligado en las escuelas, o bien, te “has dado la oportunidad” de conocerlo; de no ser así yo te invito a que no dejes de hacerlo, aunque es un estilo muy clásico si lo lees con detenimiento descubrirás que es una obra bellísima y que te hace entender lo que fue y debería ser México, como muestra te presento algunos párrafos.
SUAVE PATRIA
Suave Patria: permite que te envuelva
en la más honda música de selva
con que me modelaste todo entero
al golpe cadencioso de las hachas
y pájaros de oficio carpintero.
Patria: tu superficie es el maíz,
tus minas el palacio del Rey de Oros,
y tu cielo, las garzas en desliz
y el relámpago verde de los loros.
El Niño Dios te escrituró un establo
y los veneros del petróleo el diablo.
Sobre tu Capital, cada hora vuela
ojerosa y pintada, en carretela;
y en tu provincia, del reloj en vela
que rondan los palomos colipavos,
las campanadas caen como centavos.
Patria: un mutilado territorio
se viste de percal y de abalorio
Suave Patria: tú casa todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de juguetería.
Y en el barullo de las estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los corazones.
¡Hasta la próxima!
Lic. Hortensia Flores G. |