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Detrás de un gran hombre....?

Margarita Maza de JuarezEs bien conocida la frase   “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”,  pero en la práctica nadie se toma la molestia de corroborarlo Y MUCHO MENOS DE RECONOCERLO.

¿A que nos referimos?

A lo largo de la historia de México podemos encontrar a más de una mujer precursora de la “independencia social”,  capaz de enfrentar a la sociedad asumiendo roles o defendiendo con pasión ideas “nada apropiadas” para su entorno o época,  y sobre todo apoyando los ideales de su marido.

Mujeres que vivieron en el exilio, quedaron solas sin medios para vivir, responsables de sus familias y por si fuera poco,  viviendo el dolor de perder, en la mayoría de los casos en forma trágica,  a los hombres de su vida.

Si investigáramos la historia de las esposas de los Presidentes de México a partir de Agustín de Iturbide hasta Francisco y Madero por ejemplo,  descubriríamos casos realmente dignos de mencionarse.

Es indiscutible la excepcional labor,  la inmensa y prolífica huella de las acciones y vida de Don Benito Juárez, pero cuantas veces se ha mencionado o reconocido el papel tan importante que jugó  en todos esos logros su esposa Doña Margarita Maza.

Doña Margarita nació en Oaxaca el 29 de marzo de 1826, como esposa de Don Benito Juárez, vivió todo tipo de persecuciones y sinsabores como consecuencia de la posición política de su marido.

Aún cuando cumplía con todas las características propias de la mujer de “buena familia” de su época (discreción, recato, prudencia),  siempre y ante todo apoyó a Don Benito Juárez,  soportando todas las situaciones sin quejarse y sobro todo sin crearle mayor preocupación.  Doña Margarita:

Fue capaz no solo de encontrar la forma de mantener a sus hijos, sino también de enviarle recursos a su marido cuando este se encontraba en el destierro.

Arriesgó su vida para reencontrarse con su marido en Veracruz cuando este regresó a México.

Durante la intervención francesa reunió fondos para hospitales de sangre, para las víctimas de la guerra, es decir para los heridos y para los familiares de los soldados muertos.

Soportó con fortaleza la muerte de cinco de sus once hijos, y el destierro,   hasta que llegó el momento en que decidió regresar al lado de su marido cuando fue restaurada la República. Doña Margarita Maza de Juárez, murió el 02 de enero de 1871.

Otro caso, por cierto ahora conocido a partir de la publicación de sus memorias en 1992, es la historia de Concepción Lombardo  (1835-1921), esposa del General Miguel de Miramón,  quién desde muy joven mostró su gran carácter ya que sin importar las consecuencias,  se enfrentó a su abuela y tías y se casó con el General Miramón a quién su familia no podía aceptar por ser un Conservador.  Conchita presintió su infortunio,  desde el instante en que recibió la noticia de que su marido sería nombrado Presidente, en ese momento pensó “Ay de mi se acabaron mis sueños dorados, se acabó mi tranquilidad, la política me lo ha robado ya no volveré a tener paz”. 

Y así fue, ya que a partir de ese momento su vida fue vivir en diferentes lugares, huyendo constantemente de los detractores de su esposo al grado de tener que exiliarse a Europa,  pasar la mayor parte de su matrimonio lejos de su marido afrontando ella sola todas las vicisitudes de la situación política del País, hasta el momento en que su marido es derrotado, apresado y fusilado junto con el emperador Maximiliano,  pese a todos los esfuerzos de Conchita para salvar la vida del General Miramón y de Maximiliano acudiendo a todas las instancias posibles sin ser escuchada.

Por último podemos mencionar a la esposa de Don Francisco I. Madero,  Doña Sara Pérez  quién siempre apoyo a su marido, aún a sabiendas de que no tenía todo de su lado, por lo tanto cuando se enteró de que Don Francisco estaba en peligro de muerte,  intentó entrevistarse con Huerta tratando de salvar la vida de su esposo,  pero no lo consiguió ya que Huerta nunca la recibió.  Entonces Doña Sara Pérez buscó al entonces embajador de Estados Unidos en México Henry Lane Wilson para solicitarle  que utilizara sus influencias y salvara a su esposo y a los otros prisioneros, el embajador que se encontraba en estado inconveniente y utilizando un lenguaje impropio le dijo que desafortunadamente no estaba en condición de ayudarla ya que su esposo “tenía ideas muy peculiares” ,  ella con mucho valor se atrevió a contradecirlo y le dijo  “que su esposo no tenía ideas peculiares, sino altos ideales'”.  Por supuesto que no consiguió quién la ayudara y desafortunadamente su esposo fue cobardemente asesinado.

Las grandes mujeres no están detrás de los grandes hombres, siempre están a su lado,  no importa el ámbito del que se trate, política, cultura, ciencia, arte. Por lo tanto,  cuando alguna figura o personaje masculino  nos cause admiración, analicemos su entorno y descubriremos que no están solos, siempre habrá  alguna mujer que los apoye, impulse o motive ahí, justo a su lado.

Lic. Ma. Hortensia Flores

 

 
 
 
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