Solsticio
Bueno, en el mes de junio, ¿qué celebramos? Pues creo que el Día del Padre, San Juan Bautista, San Luis alguna-cosa, etc. Pero por lo pronto nuestro hemisferio norte celebra, el día 21, el Solsticio de Verano. Lo que equivale a decir el día más largo del año. Así como el Solsticio de Invierno, el simétrico 21 de diciembre, el día más corto -y lógicamente- la noche más larga.
Estamos acostumbrados a estas "simetrías", polaridades, dicotomías, etc, aunque ya no necesariamente conscientes de ellas-¿y para que nos serviría estarlo? Sin darnos cuenta cabal de ese fenómeno natural y de varios otros como el calor y el frío, el día y la noche, la lluvia y la sequía, el hombre y la mujer y así bastantes, muchísimos, otros que, en mayor o menor medida nos sirven para organizar nuestro vivir cotidiano.
Ahora que, en las tan complejas escalas de valores que rigen nuestra conducta, tanto la individual como la de pareja y la comunitaria. Y aquí se podría, de nueva cuenta, reclasificar la metropolitana, la mexicana, la continental nuestra e incluso, ya hoy en día, la "global". Aunque aún le falte bastante para que se pueda hablar de ella así de unitariamente, creo yo.
Pero es que aún de una familia a otra los ritmos, rituales, prioridades, sobreentendidos y costumbres en general varían de forma pasmosa no sólo de un individuo a otro en una misma familia, sino todavía más-y, claro, de forma más compleja- de individuos de una familia a otra.
Todos sabemos que las sonrisas, las voces, los aspectos y, de manera determinante, las hormonas, actúan de forma imperiosa en un determinado él y una determinada ella con lo cual deciden ser pareja, etc, etc.
A lo que en muchas ocasiones no le prestan la debida atención ni, en las primeras etapas de su convivencia, de indisoluble importancia, es a la a veces abismal diferencia de parámetros de costumbres que cada cual tiene. Y que, si en los primeros meses o años, no cobra un realce muy significativo, más adelante, cuando el impulso original del atractivo disminuye por las implacables ( y muy predecibles) leyes naturales de la relativa saciedad y la consiguiente disminución de ese apetito original, pues la estabilidad de ese organismo que se llama "la pareja" tiende a resquebrajarse y si no se actúa al respecto (y por ambas partes), enfrentará el serio peligro de romperse.
Querámoslo o no, el solsticio, el frío y el calor, etc, etc, existen y seguirán existiendo. Y qué bueno que así sea y siga siéndolo. Lo que sí depende de nosotros-y que por ende estamos obligados a atender, concienzuda y personalmente-es, en nuestras relaciones personales- y cuáles pueden sernos más cercanas que las de pareja- la armonía y la concesión y flexibilidad de ciertos valores que tantas y tantas veces no son sino costumbres adquiridas y sin casi valor absoluto alguno.
Guglielmo Perina
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