Doloroso Adios
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Martha Guerra |
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El inicio del 2008 nos trajo interesantes noticias deportivas, entre las que sin lugar a dudas destaca el retiro polémico de Ana Gabriela Guevara, la mejor, por no decir la única campeona mundial en la historia del atletismo mexicano.
Y la forma en que dijo adiós a las pistas, no fue precisamente el que todos hubiésemos imaginado, y ella especialmente soñó, una vuelta olímpica al estadio de Beijing con una medalla colgada al cuello y la bandera mexicana sobre los hombros.
Esa imborrable imagen a la que nos acostumbró y que vivimos constantemente entre el 2000 y el 2004 de la Ana con el puño en alto, la época dorada de esta velocista que es ya histórica para los mexicanos.
Me impactó el apoyo de la gente que saturó todos los espacios y foros que se abrieron en los diferentes portales de internet, para pedirle que no se vaya y para protestar por la forma en que se maneja el deporte mexicano.
Pero no hubo respuesta, ni a las duras palabras de Ana, ni a la opinión generalizada en contra de los dirigentes... sólo silencio.
Claro que como mexicanos que somos, y que nos especializamos en exterminarnos unos a otros, no faltó quien rápidamente le acusara de irse así para evitar el fracaso en las Olimpiadas de verano, en donde aseguraban no podría hacer nada.
La respuesta siempre quedará flotando en el aire, jamás sabremos si Ana se hubiera retirado sobre un podio, o simplemente corriendo una carrera digna, como colofón a una de las más brillantes trayectorias en la historia del deporte mexicano.
Ana lo logró todo, o casi todo, porque le faltó ese oro olímpico que se le escapó en Atenas 2004 y que dejó mal sabor de boca, más que nada porque nos tenía ya muy acostumbrados a verla en la posición de privilegio del podio, pero lo cierto es que fue una trayectoria que merecía una despedida mejor.
Ana es una mujer de carácter, por eso es que llegó a la cima, y tuvo que luchar en efecto contra todo lo que implica ser un deportista de alto rendimiento en este país, de vocabulario altisonante como buena norteña, de entrecejo fruncido y de convicciones firmes, tanto así que el chocar contra el muro de lo "establecido" ante el que ni sus medallas de oro ni sus récords pudieron vencer, decidió irse así, en medio del escándalo y la polémica.
¿Será que los grandes campeones son incomprendidos?
Ya hemos visto como luchó Hugo Sánchez por el respeto y reconocimiento en su país, el que sí logró en el extranjero, ya vimos como Fernando Valenzuela nunca recibió los homenajes que le brindaban en Los Angeles, o como a Julio César Chávez hasta se le desprestigió con un fraude fiscal, que lógicamente cometió quien le manejaba su fortuna, para poner el ejemplo a los mexicanos que se nieguen a pagar impuestos.
Así es la situación en nuestro país y Ana, con todo y su temperamento no pudieron vencerlo.
Muchas críticas surgieron por su retiro, personalmente no me atrevería a decir si hizo bien o mal, creo que tendríamos que vivir lo que sufre un atleta en nuestro país para entenderla, comprender la forma en que son muchos más los que se benefician de sus récords que ella misma, y comprender que la vida de cualquier deportista es de apenas unos años y que de eso tiene que vivir su vida entera.
Ana tuvo motivos de sobra para protestar contra el sistema, y sobre todo la autoridad para exigir cambios, reestructuración, pero tal vez ese aferramiento a condicionar su participación a la renuncia de Mariano Lara, que no es nadie en la historia del deporte mexicano, fue ponerlo por encima del valor real de una carrera como la suya.
Dijo que perdió la motivación, que ya no sentía esa energía que la llevó a conquistarlo todo, su cabeza no estaba en las pistas de atletismo, sino en resolver un conflicto mediante la única opción de imponer lo que para ella es justo.
Y es cierto, no sólo Lara tenía que irse, como al final lo resolvió la Codeme que lo echó tres días después del retiro de Ana, sino que la reestructuración es de fondo, pero eso es parte de la evolución que como país nos falta.
Lo que es cierto es que no nos alcanzarán mil vidas para volver a disfrutar de una atleta mexicana del nivel de Ana Gabriela Guevara y ni su adiós borrará sus hazañas.
Por ahora sólo nos queda decirle, ¡gracias y hasta siempre Ana!
!Saludos¡
Martha Guerra
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