Donde quedó el gigante
POR MARTHA GUERRA
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Marta Guerra |
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"...No hacía mucho existía en un espeso bosque llamado Concacaf, un poderoso Gigante Verde, al que nadie podía vencer, y que era el terror de todos cuantos habitaban la región".... así podría empezar un cuento de hadas, sólo que en esta ocasión, el final no tuvo nada de feliz. El Gigante "Tri" se confió de su fuerza, y dejó de trabajar para vencer a todos sus adversarios, mientras que estos, se preocuparon por desarrollar un mejor nivel y poco a poco, las distancias se fueron acortando... hasta que un día, el Gigante fue vencido por los que antes, parecían rivales pequeñitos, que no le causaban angustia alguna. Pero aunque pareciera, no se trataba de Gulliver en Lilliput, ni mucho menos. Resistiéndose a creer que su era de "invencible" era ya cosa del pasado, y que sus mejores años eran historia, el Gigante Verde siguió acudiendo a cada duelo sin prepararse lo suficiente, y con un aire de superioridad, que creía, sería suficiente para vencer al enemigo, pero no, nada de esto pasaba y aquellos que antes le parecían insignificantes, ahora la propinaban derrotas tales, que eran realmente humillantes para el Gigante que cada vez parecía empequeñecerse, más y más. ¿En dónde quedó el Gigante? Esa es la pregunta que suena y suena en todos los rincones del "Bosque Concacafkiano"... sin que nadie pueda explicarlo, y por respuesta, sus jugadores sólo atinan a cometer errores, a hacerse sancionar con tarjetas amarillas y rojas, a fallar una y otra vez a la hora de rematar frente a la meta rival, a resistirse a trabajar en equipo sea quien sea el Técnico, a olvidarse de aquella hambre de triunfo que un día los llevó a soñar con portar orgullosamente la casaca verde. Así las cosas, el Gigante parecía morir, y su única opción parecía ser la mediocridad eterna, y él parecía conformarse... ¡aún cuando su fiel afición se resistía a aceptar tan cruel destino! Y lo peor, no había nadie en el entorno que quisiera, o pudiera tomar las decisiones y sanciones adecuadas, la disciplina y la planeación para hacer del grupo un auténtico equipo, libre de grillas, envidias e imposiciones, siempre tenía que privar el interés personal, por encima del de grupo o el valioso significado de ser un Seleccionado Nacional. Y así, pasaba y pasaba el tiempo, se buscaban excusas, culpables, desde la cancha del rival, hasta el clima, pasando claro por la estrategia de luchar siempre unos contra otros, ¡pero en el mismo equipo! Decepción tras decepción, fuera Mundial, Confederaciones, América o Copa de Oro, el resultado de insatisfacción para su fiel escudera la afición, era siempre el mismo... cómo que se pudo hacer algo más, como que cada jugador podría dar una actuación más digna y esforzada, pero nada, todo seguía a la deriva, sin importar quien llevara el timón. El Gigante verde no atinaba a comprender cómo salir de tan cruel situación y se lamentaba de su mala suerte, de los árbitros, rivales y dirigencias internacionales, de las reglas, del clima y de todos esos detalles que consideraba, se ponían en su contra para estar en tan terrible circunstancia. Y pasaba el tiempo y ese Gigante no encontraba la respuesta.... y es que estaba dentro de él, había que trabajar y dejar de pelear consigo mismo, de disciplinarse y compenetrarse, de comprometerse de verdad y volver a aquellos días en que la victoria le acompañaba. No era gratuito, era producto de su propio esfuerzo. Tal vez, algún día, el Gigante despeje de sus ojos, esas nubes de soberbia que le impide ver claramente, y encuentre la respuesta y la solución dentro de sí mismo, y entonces, sólo entonces, podrá empezar a escribir una nueva historia.
NOTA: Hasta hoy, el Tri sigue sin ganar y convencer y estamos a menos de dos años del Mundial de Sudáfrica.... ¿y el Gigante despertará?
Saludos
Martha |
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