Obituario
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Cecilia Lavalle |
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Hace unos días murió un hombre cuya historia profesional estaba llena de éxitos y reconocimientos. Con la noticia de su fallecimiento venía la reseña de sus actividades más importantes, de los cargos públicos que ocupó y de los premios que recibió; y, mientras leía la enumeración, pensé que nada de eso me decía qué clase de persona fue.
¿Le gustaba conversar?, ¿tenía una mascota?, ¿cuál era su paisaje favorito?, ¿qué le gustaba comer?

Creo que la trayectoria profesional sirve para dos cosas. Por un lado para incrementar la trayectoria profesional: abre puertas, permite aspirar a mejores empleos (o no tan mejores, pero mejor pagados; o no tan mejor pagados pero de más prestigio). Y, por otro, para que a cierta edad -que es aquélla en la que tu jefe/a es más joven-, te traten con más respeto, o en un evento público te asignen un asiento en primera fila y algunas personas -tan jóvenes como tu jefe/a- aplaudan algún mérito tuyo del que no tienen la menor idea.
En mi caso, el currículum ha servido un poco para lo primero y tal vez algún día sirva para lo segundo. Pero, de cualquier manera, me parece un despropósito divulgar las chambas que tuvimos justo el día en que se nos acabó el tiempo.
Yo no tengo pensado morirme todavía (confío en que Dios sonría condescendiente); pero, llegado el momento, no me gustaría que se me definiera por lo que he hecho en mi vida profesional.
Fue periodista. ¿A quién le dice eso algo de mí? Por ahora es una profesión que goza de tanto prestigio social como un maestro sindicalizado, sólo que peor pagado y con menos vacaciones.
Fue feminista. Eso ya puede decir algo; pero no estaré ahí para defenderme de las críticas que provocará esta palabra que el machismo y más de un ignorante ha convertido, injustamente, en mala palabra.
Fue directora de… Esto tampoco dice nada, y de hecho muchas veces apuesto a que olviden que dirigí algo; tener poder público es algo que no disfruté.
Fue docente… Eso no dice si fui buena o mala maestra. Y menos dice cuánto me divertí y todo lo que aprendí de mis estudiantes.
Fue autora de la columna semanal… Eso apenas dice que fui disciplinada o creativa o chismosa, o todo junto; pero no dice que en realidad me gusta mucho conversar y que escribir es la manera de dialogar conmigo misma y con mis lectores y lectoras, que a lo mejor son dos, pero platicamos muy a gusto.
Ganó el premio… Eso en todo caso dice que estuve en el momento preciso con el trabajo indicado, o que la vida quería echarme porras; pero no dice si tuvo algún significado para alguien.
Total, me parece que la trayectoria profesional no sirve a la hora de redactar un obituario. Así que, cuando llegue el momento, ruego que se diga que me encantaba el mar, tomar café en las mañanas, el chocolate amargo, conversar, reír, escribir y leer, que creía profundamente en el derecho de las mujeres a la libertad de hacer y ser lo que desearan, que tenía la certeza de que un mundo mejor sería posible cuando hombres y mujeres tuvieran iguales derechos y oportunidades; y que me sentí bendecida por el padre, la madre, la abuela, los hermanos, cuñadas, amigas, amigos, la pareja, el hijo y la hija con que la vida me sonrió.
Ahí le encargo.
Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com
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