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KARLA WHEELOCK

La única mujer iberoamericana que ha completado el Grand Slam (las siete cumbres mas altas del mundo) nació en Coahuila, Saltillo, México el 14 de abril de 1968.

Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Coahuila. Cuando se recibió de abogada lo hizo con mención honorífica.

Muy pequeña se le despierta el amor a la naturaleza, al montañismo y el deporte. En la naturaleza encuentra su refugio, en la montaña una meta y en el deporte un desahogo.

Laguna de los Horcones

Siempre procuró intercalar su afición de alpinista con el trabajo, por lo que en 1991 escala el Popocatépetl -5,452 metros sobre el nivel del mar,(msnm)--, el Iztaccíhuatl-5,248msnm-- y el Pico de Orizaba -5,700msnm--. Posteriormente, asciende el Cotopaxi, el Ilimanl, el Citlaltepetl y el Nevado de Toluca. El 29 de diciembre de 1993 alcanza la cumbre del Aconcagua, la montaña más alta de América, de 6,959msnm.


Karla en el Aconcagua

Karla tenía que seguir en su trabajo, pero también debía seguir con el entrenamiento alpino y, en 1996, alcanza la cima del Cho Oyu-8,282 msnm-que se encuentra en el Himalaya. Con este ascenso, Karla se convierte en la primera mujer Latinoamericana y, por tanto, mexicana en llegar a dicha montaña y lo logró sin oxígeno complementario.


Montaña Cho Oyu

En 1998, después de haber escalado las anteriores y muchas otras montañas más, Karla decide dejar su trabajo para dedicarse tiempo completo al alpinismo. Mayo y Octubre son los únicos meses del año en los que es posible el ascenso al Everest, por cuestiones climatológicas. El 19 de mayo de 1998, Karla pasa a la historia como la primera latinoamericana en llegar a la Cumbre Sur del Everest-8,748 msnm-la cumbre subsidiaria más alta del mundo. Sólo le faltaron 80 metros para llegar al techo del mundo y, si no lo pudo hacer, fue por dos razones muy importantes: la expedición se quedó sin cuerda suficiente para escalar y sin oxígeno. Decidieron regresar porque para Karla lo más importante de subir una montaña es bajarla, con el mismo profesionalismo que el ascenso. Regresar viva y completa, porque a esas alturas es muy fácil perder los dedos de las manos por congelamiento o perder pisada por la alegría de alcanzar la cumbre y con ello se corre el gran riesgo de morir.


Karla escalando el Everest en 1998

Su siguiente expedición importante, en Octubre de 1998, fue al Manasl, con una altura de 8,154msnm. Salió con un equipo formado por rusos, búlgaros y colombianos, además de algunos mexicanos. El 25 de octubre, después de haber alcanzado los 6,600 metros, una tormenta de nieve los sorprendió por lo que decidieron regresar sin alcanzar la cima de "La montaña de los espíritus" que se encuentra en Nepal dentro de la cordillera de los Himalayas. El 26 de octubre, mientras descendían de la montaña, hubo una avalancha de placa (deslizamiento de nieve que con la pendiente adquiere mayor fuerza y tamaño); las decisiones en la montaña se toman en el momento y se debe reaccionar con rapidez, por lo que Karla se aferró con fuerza al piolet, que es un bastón de apoyo, y logró frenar su caída al caer en una grieta que la cobijó.


Grietas del Manasl

Sin embargo, dos de sus compañeros no reaccionaron con la misma rapidez y al no poder aplicar la técnica del auto rescate murieron en la expedición. En el Manasl murieron un colombiano, amigo de Karla, quien fue sacudido por esa misma avalancha y que con su peso arrastró a Karla consigo, ya que todos van unidos por la misma cuerda; y un compañero búlgaro, quien perdió pisada por el cansancio, resbaló y cayó al abismo. Para los alpinistas es muy importante respetar a las montañas y conocerlas tan bien que, en un momento dado, saben que cuando la montaña dice NO, lo mejor es retirarse y no aferrarse a subirla, porque pueden perder la vida.

La montaña dice NO cuando el objetivo no se alcanza a ver, cuando el cielo no se despeja y está nublado, cuando no pueden dirigir sus pasos por falta de visibilidad, entonces, lo mejor es regresar e intentarlo en otra ocasión.

A su regreso del Manasl, Karla continuó entrenando para estar en forma para el ascenso, por segunda ocasión, del Everest, por lo que subió en repetidas ocasiones el Pico de Orizaba, entre otras montañas.

Karla en el Iztaccíhuatl

El ascender a una montaña no es fácil: se instala un campamento base en el cual están un tiempo para aclimatarse. Posteriormente suben cierta cantidad de metros, establecen otro campamento y bajan. Esta operación la repiten varias veces para ir acostumbrando al cuerpo a la falta de oxígeno y para prevenir lo que se conoce como "el mal de montaña". El mal de montaña consiste en dolor de cabeza constante, vómito y hemorragia nasal entre otros malestares. También son propensos a la neumonía y a padecimientos bronquiales.

Cada integrante de la expedición está, generalmente, dentro de su casa de campaña; la soledad y el aislamiento los rodea, por lo que Karla aprovecha para tomar notas de todo lo que le sucede, de lo que pasa a su alrededor. También lee lo más posible sobre alpinismo, automotivación y astrología. Durante las noches observa las estrellas y siempre está en contacto directo con el Centro Meteorológico de Londres para tener la certeza de cuándo es el mejor momento para escalar la montaña.

Su alimentación en la montaña consta, básicamente, de comida deshidratada: frutas y frijoles deshidratados y nuez de la India, además de quesos de nuez y de higo de Parras Coahuila, que le proporcionan muchas energías. Derriten la nieve para poder tomar agua y nunca se desprenden de sus guantes, sus termales y sus botas. Karla debe cargar en su mochila lo mismo que carga un hombre porque su equipo es su vida. Su mochila pesa de 15 a 17 kilos, además de que debe saber colocar los trampones y el piolet con la misma destreza y seguridad que los demás. El haber logrado escalar, cargar y estar en la misma condición física y mental que un hombre, el haber logrado ascender a las montañas y descender viva y sana, ha sido producto de mucho esfuerzo, mucho trabajo, disciplina y tesón, lo que la ha llevado a ser respetada y reconocida por sus compañeros alpinistas, así como por los deportistas, periodistas y la comunidad en general.

Una de las grandes preocupaciones que tiene Karla es ver el deterioro que sufre la naturaleza, la contaminación que asola, no sólo a las grandes ciudades, víctimas de las secuelas del progreso, sino también a lagos y montañas, lugares aparentemente desolados que han resentido lo que el ser humano provoca a su paso. La entristece de sobremanera observar cómo, incluso montañas como el Everest, están invadidas de basura y de desperdicios que, personas inconscientes, arrojan en esos lugares. ¿Cuál rincón del plantea estará libre de los estragos del hombre? Es una pregunta que Karla se hace constantemente y para la cual aún no tiene respuesta.

En los períodos de tiempo entre los ascensos, Karla ofrece conferencias motivacionales a escuelas, universidades y empresas que se lo solicitan. El patrocinio es fundamental para poder llevar a cabo dichas expediciones, lo cual no es sencillo de conseguir pero, poco a poco, ha ido alcanzando mayor reconocimiento lo que le ha ayudado a conseguir el financiamiento necesario para intentar llegar a la meta: la cumbre del Everest.

 

Comité Editorial www.eMujeres.net
Con información de Karla.csxxi.net.mx

 
 
 
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