Alondra de la Parra Borja. Directora de orquesta
Alondra de la Parra proviene de una conspicua estirpe: es nieta de Yolanda Vargas Dulché e hija del editor y escritor Manelik de la Parra. Pero aunque su familia ha constituido una base de apoyo muy sólida, en el difícil y peleado mundo de los músicos profesionales en Nueva York, Alondra se ha abierto paso a fuerza de las únicas dos cosas que consolidan a un artista verdadero: talento y mucha, mucha disciplina.
Sin embargo, durante sus primeros años de vida, la familia de Alondra jugó un papel muy importante en la definición vocacional de la niña, así como en la formación de su carácter, pues la enseñaron a expresar sus puntos de vista con seguridad, la llevaron a conciertos que sensibilizaron su oído y, entre juegos, Alondra aprendió cosas que han resultado fundamentales para su carrera.
Si bien nacer en el seno de una familia entusiasta y con recursos puede ser de gran ayuda, Alondra ha sido muy clara cuando se ha tratado de definir sus alcances reales: “Toda la carrera de dirección y de música la he hecho en Estados Unidos. Por ese lado nunca he tenido que confrontar ningún tipo de barreras por quiénes son mi familia o por de dónde vengo. Yo creo que por eso, en parte, me fui, porque allá no sólo hay educación de muy buen nivel, sino que no te preguntan eso. Si eres buena, eres buena, si eres mala, eres mala y si puedes crecer, te ayudan a crecer. Ahí me dieron la oportunidad y sin conocer a nadie. Es padre porque ves realmente de qué estás hecho y de qué eres o no capaz”.
Si para muchos jóvenes saber a qué se van a dedicar ‘cuando sean grandes’ es todo un dilema, para otros, como Alondra de la Parra, no.
“Nunca tuve la duda. Yo sabía que mi sueño era ser músico”. Pero esta no es la típica historia del músico súper dotado que no tiene problemas, “Al contrario, me costaba trabajo pero me encantaba tanto que lo veía como ‘ojalá y un día yo tenga el privilegio de ser músico’. Como que no pensaba que yo pudiera serlo”.
Una estrella de rock, un cantante de boleros, el trompetista de un mariachi, un rapero. Todos ellos son músicos. Cuando la adolescente Alondra pensaba en serlo ¿Exactamente qué tenía en mente? ¿Por qué entró a la Manhattan School of Music (MSM), uno de los conservatorios más prestigiosos? Porque ella quería ser un músico que entendiera todo tipo de música:
“Entenderla, crearla, dominar muy bien un instrumento, poder comunicarme con otros músicos con ese lenguaje, poder tener los oídos completamente desarrollados a la música y poder percibir, desarrollar y crear la mayor cantidad posible de música.
“La música clásica me fascinó desde chiquita, pero realmente nunca ví una diferencia muy clara entre clásico y no clásico, yo decía, ‘quiero ser músico y abarcarlo todo’. Después me di cuenta de que estudiar sólo música popular quizá no era suficiente para saciar mi inquietud y dije ‘siempre puedes tocar música popular y apreciarla, siempre puedes ser parte de la música popular, si tienes una buena formación clásica’. Es como el ballet, siempre puedes bailar moderno si tienes buenas bases clásicas”.
Por esa razón Alondra inició sus estudios en piano y chelo. Después viajó a Inglaterra a estudiar teoría y ejecución musical. A los 13 años comenzó a soñar con ser directora de orquesta. Cuando cumplió 15 ya era Director Asistente de la St. Leonard’s Mayfield School Orchestra. En el 2000 se mudó a Nueva York y, a la par de su grado académico en piano en la MSM, ha estudiado dirección orquestal con Vincent La Selva en la escuela Julliard y con otros maestros.
Su debut al frente de una orquesta profesional fue el pasado mes de junio, en el Teatro Colón, dirigiendo a la Filarmónica de Buenos Aires, en Argentina. Un logro que para muchos directores de larga trayectoria sólo llega después de mucho bregar. Aunque el hasta hoy impresionante currículum de Alondra se enumera fácilmente, subir cada peldaño le ha costado bastante.
De la Parra Borja ha hecho muchas cosas para lograr sus objetivos. Pero hay una que nunca ha hecho: dejarse abatir por los obstáculos.
“Cuando llegué a la Manhattan School yo me sentía en la capa más baja de talento en mi escuela, porque hay gente muy capaz. Pero yo era la única, con otros dos, que a las seis de la mañana estábamos ahí estudiando. Y a las 11 de la noche yo era la única que en sábados y domingos estaba ahí. A los dos años se cambiaron los papeles completamente. Y me sorprendió mucho. Yo decía: ‘No soy tan buena como esta gente, tengo que trabajar mucho más’”.
Dos años después Alondra fue la única mujer, la única que no tenía un grado académico en dirección de orquesta y la más joven aspirante que fue aceptada en el seminario de Kurt Masur –un taller muy importante en el que sólo fueron admitidos siete alumnos.
Me siento muy contenta porque fue mi esfuerzo y demostró que cualquier persona que le eche muchas ganas puede hacer lo que sea. Mucha gente te dice ‘no, es que tú empezaste tarde, es que tú, es que tú, es que tú’. Hay mucha gente que siempre va a decir que no y se compara con los demás. En lo que todo mundo se estaba comparando, yo estaba en la escuela estudiando. En vez de estar pensando en eso y perdiendo el tiempo en si puedes o no puedes, pues dale ¿no? Dale duro y ya”.
El deseo de Alondra por tener una formación como directora la llevó a aceptar un empleo sin paga en una orquesta amateur. Durante casi un año hizo todo tipo de talacha: acomodar las sillas de los músicos, hacerse cargo de la correspondencia y el papeleo. Y a cada ensayo siempre llegó preparada para dirigir: “Con la partitura lista. Me pasé el cuento a mi cabeza de que yo dirigía la orquesta, aunque no era así. Me preparaba como si yo fuera a dirigir porque pensaba: ‘el día que se enferme, el día que se tropiece, yo brinco al podio y ya estoy lista’. Realmente no tenía la ambición de que eso pasara, lo estaba haciendo porque quería aprender. Un día un director se apiadó de mí en un ensayo”. La dejó dirigir cinco minutos. Después diez, luego 15. Pronto fueron los ensayos completos. Ahora Alondra es la Directora Huésped principal de la New Ámsterdam Symphony Orchestra.
“Yo lo que quiero es ser cada día mejor músico y seguir trabajando, compartiendo eso con más gente”. Es seguro que los años por venir traerán grandes cosas para Alondra de la Parra. Pero hasta ahora la suya es una inspiradora historia de lucha, logros, tesón y talento. Ella ha vivido una vida que ni su abuela hubiera podido escribir mejor.
Comité Editorial www.emujeres.net
Entrevista realizada por Aurora del Villar y Jacobo Bautista Texto: Aurora del Villar Fotografías: David Eisenberg
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