Susan Rodriguez. Prebistera en la Christ Church

Entre la discrepancia de opiniones de la comunidad, la Iglesia anglicana es la única que aprueba la ordenación de mujeres.
Lo más cerca que habían estado del altar la mayoría de las mujeres en la iglesia era como quinceañeras o novias. Pero en México la Iglesia Anglicana permite, desde 1976, ordenarlas como ministras en cualquiera de sus niveles jerárquicos: diácono, presbítero y obispo.
"La ordenación no es un derecho, es un llamado de Dios. Y nuestra reflexión fue preguntarnos si Dios tiene derecho a llamar a quien él quiera, independientemente si es hombre o mujer", señala Carlos Touché, Obispo Primado de este credo.
Sin embargo, los anglicanos tuvieron que vivir un proceso de adaptación para aceptarlas.
"La primera vez que sentí el llamado tenía diez años, pero en ese entonces no se permitían mujeres", recuerda Susan Rodríguez, quien en 1996 fue ordenada como diácona y ahora es presbítera en la Christ Church.
Esposa, madre y presbítera
Mientras la jerarquía de la comunidad anglicana discutía la pertinencia de aceptar mujeres, Susan terminó su licenciatura en Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Kentucky, se casó con un hombre católico, se estableció en México y tuvo dos hijos.
Con esa historia encima, en 1991 decidió atender el llamado que había recibido y entró al seminario para iniciar su preparación, la misma que cualquier hombre.
"Podía hacer mi tarea en casa y mis maestros me ayudaron a acoplar mis horarios según lo que tuviera que hacer con mi familia", recuerda; incluso no tuvo problemas cuando su hijo se enfermó de hepatitis y dejó de asistir a clases por un mes.
Ahora con sus hijos adultos, una estudiante de medicina y otro de oftalmología, Susan sigue alternando su vida productiva, como profesora de religiones mundiales en una preparatoria, con la de presbítera.
"Hago mis oraciones matutinas en 15 minutos, las demás las hago mientras plancho y no tengo servidumbre", dice.
Su estilo de vida, comentan sus feligreses, lo refleja en los sermones que predica cada domingo en la iglesia.
"En oficios públicos siempre hay alguien que nunca ha visto una mujer oficiando, y cuando aparezco he percibido que a mujeres mayores, de arriba de 65, no les gusta, les molesta; pero lo que jamás esperé es que los hombres mayores mexicanos se acercan y dicen 'qué bonito es eso'".
"Hay personas que no están muy a gusto de ser atendidos por mujeres sacerdotes, otros que están felices y hay a quienes les da lo mismo", coincide Touché.
Por qué sí, por qué no
Existen razones teológicas que, según los anglicanos, dejan claro que la mujer puede predicar.
La Biblia dice que Dios creó al varón y a la mujer en igualdad de circunstancias, por lo que cualquier persona que sea su imagen y semejanza puede representarlo ante el mundo.
Otra razón es que Jesucristo murió en la cruz para redimir a la humanidad y, en virtud de que el bautismo borra las diferencias de sexo, clase social, raza o nacionalidad, no hay impedimento para que ellas prediquen.
Para la Iglesia católica, la situación es distinta. "El hecho de que las mujeres no puedan ser sacerdotes se trata de la obligatoriedad de continuar en la tradición", dice el Papa Benedicto XVI en un artículo del semanario Desde la Fe.
"No implica una discriminación, sino que asume la constitución masculina como elemento de la visibilización de Jesucristo: Él fue varón, quien hace sus veces en la comunidad debe ser varón", agrega el padre Julián López, en la misma publicación.
"Para nosotros ha sido una especie de 'aventura de fe', no sabíamos si realmente iba a funcionar o no, pero después de 30 años, en general podemos decir que ha sido una bendición", concluye Touché.
Comité Editorial www.eMujeres.net
Con información de Georgina Montalvo (Reforma) | |